lunes, 29 de enero de 2018

Horizontes

Navegando aferrada al mástil. Abrazada a mi barco, atravesando océanos de tiempo, hasta fuera de este mundo, inclinada a lo profundo, al pensar y al cielo. La intensidad de la estela, marcando lo que vamos dejando atrás en tanto que con fuerza vamos hacia adelante. Y tú, el mar que me abraza, que me cuida y que me lleva, me cuentas historias por las noches. Me fabricas sueños para que duerma tranquila, haces de mí una surcamundos, impaciente por saber hacia dónde voy a soñar hoy. Y mi alma, sintiendo el viento agitarse, se aferra al velero más alto, otea un horizonte infinito, escucha las olas celebrando mi despertar. Y a mí el cielo me sonríe, porque ahí estás tú. He resucitado de entre las aguas. Y el infinito es mucho más posible ahora que habita en mí.
Tus manos construyen barcos, para que sueñe y juegue, y encuentre mi lugar. Tú haces que crea que puedo, que sé, que tengo. Tú invitas a las pesadillas a marcharse y no volver jamás. Detienes el tiempo con tus dedos, y yo...
La espuma de mil colores que sueñan, el tiempo calentado al sol. Veo destellos y formas, quiero nadar contigo junto a ellas. El viento cuida de mí, y tú...
Mi espíritu no se presta a la nostalgia, porque es más fuerte aquello a lo que va que aquello que deja atrás. Y yo. Yo sueño. Siento. Hojas. Navego. Tierra. Escucho. El agua.

Suspendo cualquier otro plan, que no sea navegar con el viento.

No hay comentarios :