martes, 22 de noviembre de 2016

Abracé el contraste

Tengo noches internas tan frecuentes, y contradicciones que cada vez me son más difíciles de afrontar, que a veces pienso que necesito un rescate. Una solución de emergencia, que es alarmante lo que pasa por mi mente, la actitud con la que vivo, incluso con la que sueño, las decisiones en torno a ella, y el desesperado cauce de reafirmación cada día. Como si no hiciera más que empeorar o ser real, incluso tras capas de densas burbujas.

Su material es metafísico, pero algo me induce a preocuparme cada día de nuevas barreras de protegerlo, para que no estalle y me vea rompiéndome, ardiendo, viendo de nuevo una claridad que aborrezco. Acepta tu odio, me digo. Acepta las cosas que no son bonitas dentro de ti, que proceden de fuentes externas. Acepta que se haya ensuciado tu conciencia con el paso del tiempo y de la experiencia. Pero esa suciedad no impide vivir, se puede limpiar, y se puede aceptar que vuelva como el polvo que se acumula en nuestros libros menos leídos.

Acepta el polvo que se acumula en las esquinas de tus sueños, esos que ya ni siquiera recuerdas, porque ahora te parecen cosas absurdas debido a la suciedad que los recubren. Una sociedad infecta llena de prejuicios te hizo sentir inseguro y sumiso, alterado de todo juicio y sin pureza de conciencia. Pero puedes volver a ser puro, abraza ese odio y acéptalo.
Vuelve a las olvidadas calles donde caminaste tranquilo, sin sentirte desprotegido o con otra preocupación que no fuera perderte en infinitos mundos. Allá fuera hay personas buenas, y otras que no saben que lo son luchan contra su odio como tú lo haces. Abraza a las personas buenas, aquellas que se buscan y que no entienden que siempre se acumule el polvo, como tú. Coged los libros más viejos, y juntos, haced que vuelvan a cobrar vida las historias de hace tiempo. Esas de las que la gente se ríe, mira con desprecio o ignora.

Encuentra personas entre la "gente". Haz que tu odio se calme y lea, vuelve a ser como eras.

martes, 8 de noviembre de 2016

Lo que es normal

“La cultura extrema y la incultura extrema producen el mismo efecto: desear la desaparición del mundo.”

La programación de hábitos, pensamientos, estructuras, actitudes, reacciones y estados de ánimo es tan importante en nuestro cerebro. Casi cabe la resolución de que nuestra mente no es enteramente nuestra, cuando los duendes que la habitan deciden qué conservar y qué tirar a los insondables abismos de nuestro subconsciente. Allí donde quedan enterrados incluso recuerdos que no sabemos que tenemos.
Si nuestros duendes son inteligentes harán un buen trabajo con todo ello, crearán una mente eficiente y ordenada, capaz de sobrevivir al caos del mundo y resistirse al fracaso de no encontrar un fin para seguir siendo humanos, seguir siendo cuerdos, seguir respirando.

Pero si nos rebelamos ante nuestros duendes, éstos abrirán la veda de todo lo que estaba enterrado. Crearán tal caos y confusión que desearemos no haberlos enfadado, nos dejarán a oscuras con un último "a ver si crees que era tan fácil mi trabajo".
Esa programación tan necesaria, pera ser feliz y disfrutar de los amigos, el estrés, la patética indulgencia hacia la injusticia, el tenaz desafío de la ignorancia, el perpetuo bienestar de una mente blanca e inmaculada, los recuerdos almidonados y secados al sol hasta perder toda información objetiva, el rencor absoluto hacia aquello que no entendemos.

Supongo que existen mentes más susceptibles a ser moldeadas y ordenadas por terceros, y mentes que necesitan escapar de todo y tan caóticas, que pueden acabar muy bien y muy mal al mismo tiempo. Cuando no tienes secretarios en ella, no tienes ni un sólo día de vacaciones, no puedes descansar de ti mismo. Actitud, entrega, rectitud, desafío. El peso del pasado, organizar el entendimiento, canalizar tu atípico sentido de la justicia, empezar y empezar y empezar... Sentir que no avanzas nunca, que repites costumbres, actitudes, pensamientos y respuestas. Pero aunque sea difícil deshacerse de ella, estoy convencida de que avanzas más luchando contra la programación de actitudes de tu mente que permaneciendo estático y maleable.