Ojalá fuera capaz de entender las distintas realidades que me asaltan desde siempre. Realidades en las que quiero ser distinta, otra, pero siendo yo. Vivir mil vidas. Y no traicionar mis principios, no ser mala, no causar daño a nadie. Al contrario. Dividirme y crear más vidas felices, tener algo más que aportar a los demás.
Incluso en los instantes en que me acepto en esas situaciones de dudosa calidad ética, siento inseguridad y, aparte de esos ideales culpables y traicioneros, mi análisis de nuevo tiembla. ¿Será que sólo me siento capaz de ofrecer eso al mundo? Una clase de amor que envuelve las cosas, pero que no es suficiente, que nunca termina siendo suficiente, porque termina en lo mediocre, en la normalidad, en lo fatuo, el terrible mundo acostumbrado a todo que nos rodea...
Insatisfacción crónica, o eso dicen, es lo que nos atormenta a los que vivimos varias vidas. Y no son vidas, ya no divido mi mundo en niveles. Supongo que fue algo que creí superado pero que me asalta de nuevo con otros nombres, otras elecciones, otras realidades...
Y yo, dueña y señora de la protección de los fenómenos, me atrevo a decirme a mí misma que una aventura en un libro no es real... Cuando no hay nada más real que otra cosa por sentirla en cuerpo que en alma. De hecho, y siendo como soy, me atrevería a decir que experimento sensaciones aún mayores en mi mente que en mi cuerpo, ¿y acaso no es eso más real que sentir de veras un brazo? ¿un beso? ¿una caricia? Sentir cómo se eriza el vello por leer una frase, o tener un sueño. ¿Acaso un sueño no es más real, o igual de real, que lo real?
Con qué razones soy capaz de cuestionarme, si en ello mismo me contradigo. Soy una egoísta. Termino diciendo que para todo hay una razón, y para cualquier razón hay un todo que lo justifica. Tengo ganas de flotar en mundos que no existan para los que me sujetan en este. Siento deseos de cerrar los ojos y sentir la claridad satisfecha de que allá donde voy no me pueden juzgar... Porque ni siquiera, de ser algo bueno, por algo bueno lo entenderían.
Creo que ya no veo los molinos...