Pensando acerca del capricho divino, y de las razones de peso para estar despierto. ¿Acaso dormir no es morir un poco? Un rato, un tiempo. Cerrar los ojos y dejar el cuerpo, la consciencia, el mundo, la importancia, los problemas, los deseos, las ambiciones.
Si no despertaras nunca, ¿acaso importaría algo?
Se jactan los que viven, los que despiertan cada día, los que se duermen inconscientes sin saber que cuando abandonan el día abandonan su vida. Sin pensar en que han muerto, han cambiado, no han vuelto. Al despertar ya no son ellos. Son copias, de otra copia, de otra copia de ellos mismos. Somos reemplazados por un clon con una consciencia copiada cada día, cada hora, a cada minuto. Si encontraras a tu clon y le apuntaras a la cabeza, y él apuntara a la tuya, ¿acaso importaría el resultado?
Yo no quiero ese mundo claro, me digo. No hay un mundo claro y un mundo oscuro. Me parece más oscuro el mundo de ahí afuera, de los que juzgan, no entienden, flaquean, fingen, esconden. Para ocultar sus debilidades gritan a todos lo que creen que quieren ser. Lo que prometen ser. Pero eso no es real, ni su mundo. Lo peor de todo es que lo saben. Saben que conocen mejor a su amigo de siempre que su página de amigos. Y aun así no se lo creen.
Quizá mi curiosidad a veces roza límites peligrosos, sobre todo porque están en mi consciencia. Entiendo cada riesgo, lo comprometido. Incluso para mi alma. A veces siento ganas de llorar porque nadie descubrirá nunca que he pensado en ello. Nadie me cogerá, nunca.
Y en el fondo quiero ser descubierta.
sábado, 24 de septiembre de 2016
jueves, 22 de septiembre de 2016
A veces, ellos vuelven
Recuerdo mi yo anterior, de hace unos cuantos años. Ese que escribía mucho más que ahora, que se preocupaba más que ahora por los asuntos... meramente sociales. Y por qué no, también los trascendentales. Ese que ardía en pasiones ocultas, y otras no tan ocultas. Que se devanaba los sesos en comprender por qué algunas personas de su vida actuaban de una determinada manera. Una persona totalmente comprometida con el sentimiento de no dejar escapar a nadie valioso de su vida, aunque eso fuera imposible, ¿cierto?
Si tuviera que definir a esa persona de alguna manera, la palabra sería caótica. Un irrefrenable caos creador y destructor de cosas, que cogía piezas de aquí y de allá y las modelaba para hacer nuevas. Luego de un tiempo veía que esas piezas se asemejaban más a otras formas, a otras ideas, y redefinía su concepto, para luego de un tiempo después volver a recordar donde empezó todo. Así retornaba a la esencia.
Y las personas tienen esencia, o eso decía, cuando escudriñaba en las mentes imaginarias que me suponía en mis mil elucubraciones nocturnas. En las noches desveladas de conversaciones infinitas, en las ideas que subían y bajaban de un intelecto a otro, sin completarse del todo, sin rozar una conclusión perfecta. Adoraba ese sentimiento más incluso que el deseo de sentirme normal, llevar una vida normal, beber café de starbucks y tener una vida social visualmente estable que mostrar a mis contactos de Instagram, Facebook o Telegram.
¿A dónde ha ido esa persona que deseaba sin ningún secreto esa normalidad? Siempre me he preguntado a dónde irían los demás. Esos amigos que te abandonaron, que cambiaron, que prefirieron otro ambiente de juego, otros amigos, sus nuevas parejas, sus instintos de coqueteo. O incluso aquellos que seguían en nuestras vidas, pero de una manera muy distinta, como marionetas, como carencias de esencia con cuerpo. Sin embargo nunca me perdoné a mí misma que yo también cambié. Y probablemente soy otra marioneta para otros. No tengo Facebook ni Instagram, no publico mi vida en fotos, a veces desearía hacer más. Por los recuerdos, por el tiempo, para mí misma, pero desde luego eso no ha cambiado en mí. Bebo café de starbucks y llevo una vida bastante normal. Tengo un plan de vida, un plan de familia, una actividad bastante concorde con lo habitual, y varios hobbies que no rivalizan con mi innato caos mental. Algunas cosas no cambian, pero sí los caminos. Quizá ya no le doy tanta importancia a muchas personas. Porque es algo muy difícil de cambiar en mí, algo forjado con los años, con las palabras, con los silencios.
La palabra es una poderosa arma capaz de destruirnos o levantarnos, pero no siempre es así. A veces hace falta la constancia y el tiempo para modificar firmemente la determinación de una persona. A mí el tiempo y la constancia me han hecho pensar como pienso no por un sentimiento o una elucubración. En cada fase, en cada etapa, cada comienzo, los días, los días, los días, los días, los años, cambiando y modificando un pensar por otro, me han llevado hasta aquí y a pensar en que si existe algo, alguna persona, un intelecto, una fundación, un organismo de un solo individuo, la regla o la excepción... No me son suficientes.
Y tal vez exista un camino, un hecho que me haga pensar que es diferente. Que merece la pena, que el tiempo era por algo romántico, caótico, dulce, que enseña. Pero estoy muy concienciada con el orden, y en mi caso... (y porque no sabría hacer entender cómo pienso y entiendo este momento, en el que soy feliz), ya tengo mi excepción, si es que la es. No por algo mágico necesariamente, ni pura estadística. Probablemente sea algo que no entienda, pero ya no soy la misma persona que buscaba ese tipo de respuestas.
Mientras acabo de escribir esto sólo pienso en que lo siento. Siento mucho no poder ser accesible para alguien que quisiera conocerme, o reconocerme. Nunca me ha gustado cerrar puertas. Y muchas de ellas están abiertas. Pero me temo que las más importantes, no girarán para nadie nuevo. O al menos, no en un medio tiempo.
PD: He empezado a ver esa serie que dijiste. No sé si tendríamos algo en común, ahora que pensamos tan parecido, y somos tan distintos.
Si tuviera que definir a esa persona de alguna manera, la palabra sería caótica. Un irrefrenable caos creador y destructor de cosas, que cogía piezas de aquí y de allá y las modelaba para hacer nuevas. Luego de un tiempo veía que esas piezas se asemejaban más a otras formas, a otras ideas, y redefinía su concepto, para luego de un tiempo después volver a recordar donde empezó todo. Así retornaba a la esencia.
Y las personas tienen esencia, o eso decía, cuando escudriñaba en las mentes imaginarias que me suponía en mis mil elucubraciones nocturnas. En las noches desveladas de conversaciones infinitas, en las ideas que subían y bajaban de un intelecto a otro, sin completarse del todo, sin rozar una conclusión perfecta. Adoraba ese sentimiento más incluso que el deseo de sentirme normal, llevar una vida normal, beber café de starbucks y tener una vida social visualmente estable que mostrar a mis contactos de Instagram, Facebook o Telegram.
¿A dónde ha ido esa persona que deseaba sin ningún secreto esa normalidad? Siempre me he preguntado a dónde irían los demás. Esos amigos que te abandonaron, que cambiaron, que prefirieron otro ambiente de juego, otros amigos, sus nuevas parejas, sus instintos de coqueteo. O incluso aquellos que seguían en nuestras vidas, pero de una manera muy distinta, como marionetas, como carencias de esencia con cuerpo. Sin embargo nunca me perdoné a mí misma que yo también cambié. Y probablemente soy otra marioneta para otros. No tengo Facebook ni Instagram, no publico mi vida en fotos, a veces desearía hacer más. Por los recuerdos, por el tiempo, para mí misma, pero desde luego eso no ha cambiado en mí. Bebo café de starbucks y llevo una vida bastante normal. Tengo un plan de vida, un plan de familia, una actividad bastante concorde con lo habitual, y varios hobbies que no rivalizan con mi innato caos mental. Algunas cosas no cambian, pero sí los caminos. Quizá ya no le doy tanta importancia a muchas personas. Porque es algo muy difícil de cambiar en mí, algo forjado con los años, con las palabras, con los silencios.
La palabra es una poderosa arma capaz de destruirnos o levantarnos, pero no siempre es así. A veces hace falta la constancia y el tiempo para modificar firmemente la determinación de una persona. A mí el tiempo y la constancia me han hecho pensar como pienso no por un sentimiento o una elucubración. En cada fase, en cada etapa, cada comienzo, los días, los días, los días, los días, los años, cambiando y modificando un pensar por otro, me han llevado hasta aquí y a pensar en que si existe algo, alguna persona, un intelecto, una fundación, un organismo de un solo individuo, la regla o la excepción... No me son suficientes.
Y tal vez exista un camino, un hecho que me haga pensar que es diferente. Que merece la pena, que el tiempo era por algo romántico, caótico, dulce, que enseña. Pero estoy muy concienciada con el orden, y en mi caso... (y porque no sabría hacer entender cómo pienso y entiendo este momento, en el que soy feliz), ya tengo mi excepción, si es que la es. No por algo mágico necesariamente, ni pura estadística. Probablemente sea algo que no entienda, pero ya no soy la misma persona que buscaba ese tipo de respuestas.
Mientras acabo de escribir esto sólo pienso en que lo siento. Siento mucho no poder ser accesible para alguien que quisiera conocerme, o reconocerme. Nunca me ha gustado cerrar puertas. Y muchas de ellas están abiertas. Pero me temo que las más importantes, no girarán para nadie nuevo. O al menos, no en un medio tiempo.
PD: He empezado a ver esa serie que dijiste. No sé si tendríamos algo en común, ahora que pensamos tan parecido, y somos tan distintos.