jueves, 22 de febrero de 2018

Game upgrade

No quiero esperar más
y relegar los cambios a un cielo siempre despejado.
El azul que nos abriga me recuerda a ti.

Y me pregunto cómo puedes saber hacer eso.
Con naturalidad, sin pasos.
Y dónde aprenden las personas todo lo que saben vivir.
Yo no soy natural, estoy estructurada
No tengo esencia determinada.
Me gustaría ser casual.
Como un beso que luego olvidas.

Está insoportable la mañana.
Sólo quiero habitar mundos donde no pertenezo.
Los ojos están huyendo.
Mi cabeza está triste.
Quiero escuchar música y no esto.
A veces quisiera saber cómo ser lo que soy.
Tener algo más puro.
Ser algo más intenso.
Tu adoración a lo vivo no ayuda.
Siempre me encuentro en el filo del olvido.
Teniendo prisa, por resbalarme.
Y tú estás allí, y clavas tu ceniza en mi nombre.
Huyo del miedo. No quiero sobrescribir mi amor.

En esta clara esfera de lo que me hace sentir fuego
yo sólo elijo mundos que hay en mi sueño.
Pero no en ese loco que me atormenta.
Mis sueños están despiertos.
Como tu pulsión de sexo.

Estoy cansada. Me vuelvo al juego.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Diario 6: revoluciones y personas feministas

Esta mañana comenzó muy fría y con niebla en las calles. Me costó bastante despegarme del calefactor para vestirme y decidir empezar el día, pero aun así fui con bastante más tiempo que ayer. Decidí coger más temprano el autobús, y pensándome la primera en llegar a la parada, al girar la esquina la calle estaba llena de estudiantes, varones en su mayoría, con sus mochilas y poco abrigados (nunca entenderé cómo es que los hombres jóvenes parecen soportar más el frío que las mujeres, los observo cada día de invierno llegar en chándal y sin abrigo, llegando a los institutos, con las manos metidas en los bolsillos y andando despacio).
Al parecer, y por lo que oí, llevaba sin pasar un autobús desde hacía casi una hora. Estaba todo atascado y el tráfico congestionado, los coches a penas avanzaban y algunos hacían sonar impacientemente el claxon como si el que hubiera delante fuera un imbécil y no otra persona más jodida que nada tenía que ver con el asunto.

Esperé, quedándome un poco separada de los demás. Un autobús vino por fin, casi vacío. El conductor decidió no parar haciendo un gesto con los dedos, viniendo a intentar comunicar que otro autobús vendría pronto. Iría tarde por culpa del atasco, y en lugar de hacer su trabajo, sencillamente no se hizo cargo. Las empresas no deberían responsabilizar de cosas como el tráfico a la puntualidad de sus empleados...
La gente se indignó muchísimo. Por un segundo parecí ver esas muchedumbres en blanco y negro de hace muchísimo tiempo, que se removían (ya desde sus casas), por las injusticias sociales, los bajos salarios y los cierres de fábricas, la contaminación, el terrorismo y la discriminación de raza. Les vi casi gritando y rompiendo algo. Como si en algún momento, ya preparado previamente, alguien fuera a lanzar palos y piedras contra el autobús que ya se alejaba. Por un momento deseé esa revolución. Deseé que en esta era las cosas cambiaran. Qué deseo tan horrible. Pero a veces siento que sólo somos estúpidos, que han llegado a un nivel de conciencia de sí mismos demasiado alterado como para considerar algo más allá de la subsistencia. Individuos egoístas, supongo.

Al cabo de un rato llegó un autobús algo más lleno, y ese sí quiso recogernos a todos, que éramos muchos y llenamos el vehículo hasta límites peligrosos. Las personas se alteraron muchísimo más en la cola, hablando con poco respeto a los demás acerca de que nadie que hubiera llegado más tarde fuera a pasar antes. Esas cosas humanas... me dan mucha vergüenza. Siento que no quiero considerarme parte de esa especie tan hostil y gilipollas.
Durante el trayecto fui pensando en varias cosas, como en ciertos diálogos de Antes del Atardecer. También comprobé si había señales de una persona que aprecio, que ha desaparecido unos cuantos días y... tengo el presentimiento de que ha muerto su perro. Sé que para ella será casi tan insoportable como lo fue para mí, y por ahora no digo nada ni intento acercarme. Las personas deben tener tiempo para sí mismas cuando sienten una ruptura de su mundo como es la muerte de un familiar cercano.
Me di cuenta de que las personas del autobús seguían discutiendo acerca de lo mal que funcionaba esa línea de autobuses y todo lo que había pasado. No pasaban página, no había manera de que eso dejara de ser un acontecimiento emocionante e indignante en sus vidas. En fin... supongo que sí, lo es. En otro momento me habría indignado más. Pero no me apetece que eso sea algo que afecte mucho a mi día.

Hoy la primera clase del día era repetir con un profesor que conocimos ayer. Es un hombre mayor que me pareció muy entrañable al primer contacto, y hoy me ha gustado algo más. Es gracioso cómo se comunica, no sé describir exactamente la inocencia que extraigo de eso. Parece buena persona, de un modo natural e inconsciente. Dijo que se reía a menudo con los amigos de su hija, que deben tener mi edad, aunque ese hombre es mucho más viejo que mis padres. Cuenta que les cocina sus platos favoritos cuando van a casa a comer, y que a menudo pasa tiempo con ellos. Hoy nos hizo muchas preguntas a todos como clase, cuántos de nosotros tocábamos algún instrumento, cuántos de nosotros escribíamos, cuántos de nosotros estábamos interesados en la pintura o pintábamos...
Después habló acerca de una cosa que me pareció muy apropiada, para decirla no sólo ante una clase, sino ante el máximo de personas que pudiera. Dijo que, al ser este su último año antes de jubilarse por completo, le parecía apropiado decir ciertas cosas que le vinieran, y una fue acerca de la igualdad entre hombres y mujeres. Contó que a lo largo de su trayectoria, estudiando, realizando un trabajo reflexivo acerca de las cosas que aprendía, tenía algunas opiniones acerca de las diferencias que existen en los cerebros del hombre y de la mujer respectivamente. Señaló algunas diferencias en las que él cree, y después citó a Hobbes diciendo algo como:

"Todos los seres humanos son iguales. Y si no lo son, las diferencias no son políticamente relevantes."

Señalando que social y políticamente, mujeres y hombres tienen los mismos derechos. Y añadía: pues tienen ambos el mismo poder, matar a otro ser humano.
Esa frase me resultó terriblemente genial, graciosa y cierta. Creo que es una idea que incluso me hizo feliz, en cierta medida. Como una comprensión que no necesita palabras, acerca de ello. Es bastante simple, pero lleva tanta carga de sentido...
Después habló acerca de que una mujer entre el público, en uno de sus congresos, le llamó fascista una vez por señalar las diferencias antropológicas de hombres y mujeres. Él dijo algo que me pareció muy cierto, y cuya idea he dicho alguna vez. Dijo que algunas mujeres tienen todavía mucha indignación y el peso de la discriminación de tantos, tantísimos años de historia, y a menudo se ven afectadas con cualquier cosa que parezca señalar de nuevo diferencias que puedan volver a despreciar su presencia en el mundo como un ser débil o inferior en capacidades. Lo comparó con las víctimas del terrorismo, cuando los asesinos cumplen su condena y se discute acerca de su reinserción, de la igualdad de condiciones con otros presos... Dijo: "esos familiares tienen derecho a estar aún indignados. Del mismo modo, algunas mujeres tienen aún muchísima indignación y tristeza, y debéis comprender que tienen todo el derecho a sentirse así..."
Sí que es cierto, en mi opinión, que ciertas mujeres dirigen su indignación a otras cosas que no me parecen correctas. La verdad... es que respecto a eso, a veces me alegro de ser mujer. Porque, en el fondo, puedo decir lo que me dé la gana. Respecto a ese y otros temas, me siento libre. Libre de responsabilidad y de carga, por la persona que soy (porque considero que no soy una mujer machista, ni mucho menos. Pero no soy idiota.).
Hace no mucho me enteré de que ciertas mujeres, que se consideran a sí mismas feministas, han decidido ahora que los hombres no pueden formar parte de la lucha, sino ser "aliados" de ella. Mi indignación era total. Si ya infunde suficiente miedo la palabra "feminismo", pues se relaciona con cosas terribles, con desigualdad "positiva", con mujeres al borde de un ataque de nervios, sólo faltaba que los pocos hombres que no le temen a esa palabra fueran expulsados de una corriente de pensamiento tan importante para la Historia.
Enseguida me encargué de decirle a todo hombre intranquilo en twitter que no se preocupara, que les daba mi bendición para continuar siendo feministas. El feminismo no es algo así como una inexpugnable Troya a la que haya que abrirle la puerta trasera, ni mucho menos pienso que las mujeres de ahora puedan apropiarse de la palabra, su significado o el movimiento. Más bien... creo que no saben que no están siendo feministas, sino que sólo empeoran y añaden problemas modernos que antes no existían.

Pese a todo, sé que soy una mujer a la que le afectan muchísimo los sucesos que tienen que ver con la desigualdad de género. Me indigno, me enfado, me entristezco... Algo así puede acabar con mi día. Palabras como las de hoy, de ese profesor, son muy importantes. No sólo porque quizá haya transmitido algo de comprensión a algunas personas, también me hicieron falta a mí. Me hicieron falta para estar tranquila, para saber que todo va a ir mejor. Que es normal enfadarse, es normal estar triste, y está bien aceptarlo. Todo irá saliendo. Y me alegra que haya personas que hagan esos razonamientos.

lunes, 5 de febrero de 2018

Una pegatina para que me cuides

Hasta que no creces no comprendes bien el significado de ciertas cosas.
Cosas simples pero que parecen guardar un significado oculto y misterioso, como una pegatina de "bebé a bordo" en el cristal trasero de un coche. Siempre me pregunté, ¿qué sentido tiene eso? ¿qué información útil está aportando al mundo una pegatina como esa? Al principio me parecía algo de atrezo, alguna clase de decoración enorgullecedora de los padres modernos, orgullosos de haber reproducido su especie, de aumentar la población del mundo. Con el tiempo empecé a ver que quizá se trataba ciertamente de algo parecido a la precaución, al disculparse por la torpeza, la lentitud o las formas al conducir con nerviosismo y cuidado por llevar a una criatura tan sensible y frágil dentro.
Hoy en día me parece una declaración en silencio. Cómo las personas ceden permiso a otros para destrozar sus vidas, para tener menos cuidado cuando no llevamos una de esas pegatinas. "Eh, si hay un bebé a bordo voy con mucho más cuidado. Si no lo fuera, no me importaría matarme."
Cómo la presencia de un bebé puede cambiar tanto la percepción de la vida y la muerte. Cómo priorizamos nuestra seguridad y nuestra vida, y el poco cuidado, en realidad, que tenemos en el día a día con los peligros que hemos inventado.

En fin. Reflexiones absurdas. Cosas humanas que nadie dice.