miércoles, 17 de enero de 2018

Diario 4: fuimos lobos

Hoy me desperté con poca energía en general. Poca energía mental y física, sin muchos deseos de comenzar nada, aunque sí siento deseos de cambiar eso y sentir al menos impaciencia o inquietud física. Tal vez no esté bien del todo, porque me encuentro un poco mal y creía que sólo tenía molestias por culpa de la alergia, pero ahora siento frío en el cuerpo y sólo me apetece estar arropada, el trabajo tendrá que esperar.
También llevo un par de días sin ganas de comer nada, ni siquiera de merendar ni ningún capricho en especial. Así que es una de esas sucesiones extrañas de días y necesito salir de aquí o moverme de alguna manera para no empezar a sentirme sola y a sentir la casa extraña. Pensé en irme con mi madre unos días, pero si empeoro me tendré que quedar allí. Además ayer hablando con una amiga le comentaba que ya la próxima vez que fuese a casa de mi madre nos intercambiaríamos los coches... En algún momento pensé que sería fantástico conducir el coche de mi padre. Más grande, más actualizado, con potencia y solidez en la carretera. Ya que desde hace bastante el coche sólo lo utilizo para salir a la carretera, y odio esa sensación de que camiones o ráfagas de viento grandes hagan temblar la estructura del coche, necesito algo mayor y sentirme segura. Pero me da mucha pena desprenderme del que he estado usando estos años, de alguna manera absurda lo siento como mi bebé, y a la vez un ser que me proporciona llegar a casa, y cosas seguras, aunque haya pasado también momentos duros a causa de él.

No había vuelto a pensar en ello, en la sensación tan horrible de quedarse en la carretera. Me dije "esto también hay que vivirlo", y eso me digo ahora. Me voy a dormir pensando en lo mucho que estoy aprendiendo, acerca de cuestiones humanas, de cuestiones que nadie explica en los libros. También pienso que debería escribir y acordarme, pero ya no soy la misma. Siento que no puedo hacer nada en este lugar. Yo que siempre he sido tan inquieta. Me encantaría marcharme lejos de aquí y vivir una vida más real, y que me inspire y no me empequeñezca. Volver a tener algo que contarme, poder correr con todas mis fuerzas. Somos lobos criados en jaulas que se han olvidado de cazar y de correr entre los árboles. En algunos sueños todavía soy loba, y recuerdo cómo el viento sopla con fuerza sin inmutarse mi cuerpo ni temblar bajo las estrellas. En mi sueño tenía una camada, que me seguía y aprendía de mis pasos, que me rodeaba con ternura. A veces quisiera no ser humana y ser otra cosa. Experimentar la intensidad cruda de vivir, volver al inicio, volver a lo que quiera que sea que vinimos a ser. Nada me agradaría más, y en el fondo abandonaría todo, incluso estas palabras, y el modo de comunicarlas. Abandonaría todo, daría todo por no tener que llevar equipaje allá donde fuera. Tendría todo lo que necesitara conmigo, y eso me bastaría.

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