"Hacen daño, los abrazos son una droga y su hija es adicta."Empiezo a ver de otra manera algunas cosas. Por ejemplo, que el mundo no puede ser bonito no por el hecho de que haya cosas y personas que lo impidan (que también...), sino porque está en la propia naturaleza de las cosas, en el equilibrio de todo, que no puede ni debe ser así.
Un exceso de bien es un mal, y a veces debemos pasar por cierto sufrimiento. ¿De qué manera iba a encajar nuestro pequeño cráneo unos dientes de adulto sin perder los viejos? ¿Cómo aprendemos lo que es la independencia? ¿La felicidad sin ser infelices? ¿El calor sin el frío?
Suena bastante primigenio, pero quizá todas las cosas lo son. Sencillas, pero complicadas de entender por su simpleza.
Tener un pequeño ser que depende tanto de ti me hace reflexionar sobre muchas cosas. Paso por incontables estados de ánimo, contradicciones y juicios mentales acerca de ella, y de todo. Por ejemplo, que antes no comprendía que debía dejarla aprender lo que es estar sola. De un modo feliz y cómodo, no como un castigo. Pero todos creemos que lo que no conocemos aún es algo malo y peligroso. Tal vez yo me sienta ahora así sin sus abrazos. Sabiendo que estas serán las peores navidades, los peores meses de frío sin él, sin esa música que nos dedicamos.
Pero yo soy como ella. Sólo un bebé que han apartado de su madre y que debe aprender a estar en el equilibrio de la vida. Sin burbujas, sin cosas bonitas. Y yo, que soy su madre, me parte el corazón no poder darle un mundo así para ella. Pero es que ni pudiéndoselo dar, eso no sería bueno. Quizá tampoco era bueno para mí estar tan protegida, sentirme tan querida y que yo valía tanto.
Aunque no deseo vivir en el otro extremo, así es como me siento algunos días. Desprovista de valor para el mundo. Sin nadie que piense en mí jamás. Sin ningún lugar al que volver ni unos brazos que me deseen.
Así es como se siente todo el mundo todo el tiempo, y no pasa nada.
Pero cómo desearía dormir en sus brazos.
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