martes, 18 de septiembre de 2018

Diario 10: todo sigue igual

Hoy ha sido un día copia de ayer, y de antes de ayer, con muy ligeras variaciones. Lo que se llama una rutina de mierda. Una rutina que no quieres. Que se ha construido en esta casa una rutina de la depresión, o del nada, de la espera, la espera por el nada.

A veces veo personas y lo que dicen, o algunas cosas en la tarea del vivir. O sea, no sé explicarlo bien pero... Veo cómo el mundo continúa y sigue en todo, cómo avanzan las cosas, y yo me veo en otra esfera. Y a veces pienso: yo haría/pensaría eso, si ya no hubiera perdido ~ eso.
Esa frase que no termina, pensándola (porque me viene de manera inconsciente), es como que he perdido toda razón para vivir. Para esas cosas de la superación, y para el avance, y seguir formando parte de esta vida, de la manera en que sea. Es como si ya no mereciera la pena. Como si a una madre se le muere el hijo y está esperando a morir ella. Como si se te hubiera escurrido entre los dedos lo único que tenías que proteger, o lo único que te hacía feliz. Y eso ya no es un ser, una cosa, una persona, no es ni siquiera un recuerdo o un estar, ni un momento. Es una actitud, un conocimiento, un despertar.

Lo que ya no es como antes, no es algo que se pudiera recuperar o conservar. Sino algo que siempre ha sido así y que yo no veía. Y ya no puedo ponerme la venda de nuevo en los ojos.
Eso es lo que he perdido. Una visión-novisión del mundo.

Tampoco dramatizo mucho con ello. Hace cuatro años las cosas también eran basura. Personas basura. Actitudes basura. Intentaron aprovecharse de mí cientos de veces, y otras veces lo consiguieron. Pero ahora... Dios. Es como infinitamente más feo, o así lo percibo. Quiero escapar de todo eso. Y si alguien dijera que eso es ser débil. Pegar el salto a algo mayor... Madre mía. No creo que haya pasado por algo más fuerte en mi vida. Aferrarme a algo con tanta fuerza para no caer por el precipicio, cuando ya los dedos de mis pies están casi en el suelo. Qué más da.

Niord es otra persona de mierda más, igual que el príncipe. Una persona que no me deja en paz, pero no es capaz de decirme que le gusto, o algo así, ni comportarse mejor conmigo que intermitentemente. Y soy la única loca por verlo así. Anoche me habló de sexo por primera vez, y de todas las cosas que me haría. Es perfecto no tener confianza con alguien para decirle una palabra de afecto, pero sí decirle que te la quieres follar a cuatro. También me jodió que me dijera que ya podría esperarle en casa con la comida hecha. Justo anoche tuve un sueño en que Niord tenía una prima adolescente que se emborrachaba y vomitaba en el suelo, y tenía yo que limpiarlo, porque "las mujeres fregamos mejor y esas cosas". No me aguanto en sueños. El único lugar donde tengo super poderes o puedo matar a alguien sin ir a la cárcel, y ni siquiera le cruzo la cara a ese tío...

Y el príncipe, él me dijo al teléfono "sabes que no puedo oírte llorar, así que... Si quieres te llamo en otro momento." Sé que no es obligación de nadie ser buena persona ni nada, pero duele ver cómo el "no, no cuelgues que no quiero dejarte llorando sola", cambia a esa mierda de frase. Es igual que aquél de "no puedo salir, estoy enferma." "Vale, pues ya me llamarás cuando estés bien".
Soy una gilipollas... Ya lo sé.

Pero quizá es que estoy mal acostumbrada. El oso no es así. Creo que es la única persona que es capaz de hacerme olvidar la depresión. No la elimina, la encierra tras una puerta. Pero la mantiene ahí. Y luego hablamos de un futuro. Es el único futuro que me plantearía. Lo demás no lo veo, no lo quiero, y prefiero la muerte. Quizá eso quiera decir algo.
Y el vikingo se marchó. Desistió de mí. Desistieron casi todas las personas. Y no les culpo. Hay que tener estómago para oír ciertas cosas, y para soportar algo así. Una vez leí una cita, aquí mismo, que decía que las personas huían de la tristeza de los demás. No me ha sucedido eso con algunas personas, ni yo he huido de ellas en su tristeza. Creo que no es una locura vivir así. Desear eso. Aunque las personas que queden sean pocas.

Mi madre piensa de un modo más práctico en la vida. Siempre me dice que si no aguantas actitudes de personas malas, te quedas sola. ¿Tan malo es estar sola? Yo he estado sola del todo muchísimas veces, en muchos momentos de mi vida. Siempre aparece alguien, por tarde que sea, que merece la pena y desea quedarse. Y otras personas... pues cumplen su ciclo y luego no es culpa suya que la vida siga por otro camino.
Ella tampoco piensa como yo sobre muchas cosas. Como aquél test de cruzar la barca que tanto me indignó. Así que no me preocupa tanto que le guste muchísimo Niord y a mí me parezca un capullo, ni que sus ideas del amor sean tan pesimistas. Aunque últimamente yo pienso parecido a ella...
Pero no me he rendido en eso aún. Porque recibo amor cada día aún. Y si no lo hiciera, pues no sé lo que pasaría. No aguantaría tanto, supongo.

Ya no me sorprendo tanto por las palabras de las personas, como caí rendida cuando me las dijo el vikingo. Pero sin duda pienso que deben significar algo. Por breve que sea su significado. Hace una semana, el vampiro D, me dijo esto y lo guardé:
"Sé que seguramente no sirva de nada, pero eres la única persona que merece la pena en mi vida. Sabes que ambos no hemos tenido una vida fácil, pero creo que puedo endulzártela, sé que puedo hacerte feliz. [...] Quiero protegerte y haré todo lo que haga falta para ello. Quiero verte embarazada, quiero ver cómo sujetas a un bebé y os miráis por primera vez... ¿La vida no tiene cosas que ofrecerte? Déjame intentarlo [...]"

No siento eso... hacia él. Pero sin duda me emocionó todo eso. Y es una persona que lleva muchos años enamorada de mí, y sigue ahí pese a todo. Cuando tengo novio y cuando no. Cuando no hablamos mucho y cuando no nos callamos. Hay personas que intentan endulzarme las cosas. Mi oso guardián, cuánto me lleva aguantado, y sigue ahí. Sigue queriendo ser mi amigo pese a todas las cosas horribles que digo a veces, o cuando ya no me siento yo.
"¿Recuerdas cuando viniste a Madrid y nos reíamos mucho del chino pancho, y cuando miramos al perrito ese que no tenía ojos, sólo naricita?" Calmar una ansiedad con la observación, con visualizaciones bonitas de recuerdos felices.
Me gustó muchísimo Madrid y a veces desearía quedarme ahí, en ese día. Pero sé que ellos no están allí, que están conmigo jugando, cada día, haciéndome reír, haciéndome olvidar todo lo horrible.
Ojalá fuéramos un grupo de amigos, como cuando tenía 16. Como cuando sólo había contacto real, y no tanta distancia, tanto internet y tanta mierda.

Ojalá pudiera dormirme y despertar en otra vida, u otra realidad, no sé. En la que todo fuera más... real. Y bonito.
Escribir todo esto me ayuda a vaciar eso que hay en mi mente. Aunque siga sin parar inconscientemente, sabiendo todo esto, ahora veo algunas cosas. A otras les quito importancia. ¿Sabes? Últimamente creo un poco en eso de las realidades o mundos paralelos, y no es coña.

Recuerdo una época en que tras cambiar los muebles de mi cuarto, muchas cosas cambiaban. Regresaban personas que estaban cuando los muebles estaban en esa posición, otras se volvían frías. Algo funcionaba y otra cosa quizá era más débil. Hace unos días le dije a mi madre: necesito este coche ya... Desde que tengo el otro todo me ha ido mal. Ella cree fuertemente en esas cosas, así que me cambió el coche.
Es curioso cómo, hace poco, percibí a mi hermano muy cambiado. Como "más bueno". Y también mi madre, siento que... me quiere mucho más que antes. Es un sentimiento raro. Se lo conté sabiendo que ella lo negaría, que me hubiera querido menos en un supuesto pasado. Pero aun así le cuento algunas percepciones.

Tras cambiar de coche... Mi hermano, extrañamente, empezó a volver a ser tan capullo como antes (aunque le quiera igual). Pero luego hice algo que, en fin, creo que vuelve a ser bueno otra vez. Y hoy he pensado "prefiero que mi hermano sea bueno y tú un capullo, a que tú seas medio bueno y él insoportable". Es mi hermano, es mi familia de verdad. Yo creía que tú serías mi familia. Pero es mentira.

Estos días quisiera vaciar una zona de mi cuarto y cambiar los muebles de sitio. Ya no por rollos de tercera dimensión, sino porque de veras necesito un cambio, y quiero pasar este invierno ahí. Mover el escritorio junto a la ventana y ver llover allí sentada. Aunque no sé en qué o dónde estaré para entonces...
No recuerdo cómo era mi vida cuando mi cuarto era así.
Quién sabe, quizá el mundo cambie.

Qué estupidez...

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