Pero es la ubicación lo que me interesa.
Mi madre no quiere que me vaya, me ofrece otras soluciones que no quiero aceptar. Supongo que porque no sabe mis verdaderas intenciones. Aunque las aceptara por el mero hecho práctico de vivir, serían de nuevo travesías de la vida inútiles, y cargas para alguien, aunque ella dice que no. Yo ya he perdido toda esperanza en vivir. Ningún sueño realizable. Ninguna cosa deseable más que esa que es imposible.
Tengo sueños todos los días, en los que eso sucede y todo está bien. En los que lloro de felicidad viviendo cosas cotidianas muy normales. Cuando no sueño yo misma sueño despierta, aunque no sé bien qué soñar. No puedo sentir nada cuando lo hago, es todo mental y se me acaban las ideas. Otro día más. No puedo creer que otro día más sea desperdiciado en mi vida. Otro día que mi cuerpo no obtiene ningún placer, que mi mente no está tranquila, que mi garganta no deja de tener un nudo. Otro día más de mi juventud perdido y que no regresa nunca más. Otro día que podíamos haber aprovechado juntos.
Hoy me dio otro pronto de los míos, de espantarme y romper con algo que no estaba tan mal. Me siento rechazada en todas partes y no sé cómo mi guardíán druida me aguanta. Me dice que esté tranquila, que prepare té, que juguemos juntos a descubrir nuevas cosas. Es tan altruista que es el mejor amigo que puedo tener, y casi parece sacado de mi imaginación. Nuevamente, no sé cómo no se cansa. Siempre al lado, como un lobo que cuida de su manada. Siempre acudiendo veloz aunque sienta ganas de destruir el mundo. No sé qué habría sido de mí estos meses sin él.
Por otro lado, hoy Niord me llamó desde el barco. Pese a que el resto del tiempo no pienso mucho en esa persona, cuando escucho su voz algo me atrae. Algunas veces me siento mejor y más calmada, incluso creo en algún tipo de felicidad. Pero sólo dura unos segundos, unos instantes.
Me dijo que fuera a la isla donde se encuentra ahora, que lo decía en serio. Ya me vi en la misma tesitura cuando casi envía un helicóptero a recogerme a mi casa para ir al portaaviones. Esta vez me ofreció ir en un vuelo de personas normales, pero no quiero que me dé nada él. Estuve mirando precios y es un poco complicado ir hasta allí. Casi me dan ganas de tener un barquito y navegar durante días hasta allí. Con el miedo que me da el mar, eso me resulta atrayente de manera extraña. Un barquito de esos pequeños, pero que tienen una bodega donde meterte y tener una pequeña habitación, con camita y cocina. Navegaría durante el día, con el sol y el viento, pescando (o aprendiendo), parando al divisar alguna costa para repostar o reponer provisiones, utilizar brújulas, seguir las estrellas. Dormir con el ligero balanceo de las olas y sentirme segura, ahí flotando en el medio del mar del mundo. Mirar por la ventana y ver el cielo estrellado contra un horizonte perpetuo que el mar extiende haciendo parecer al mundo salvaje otra vez. Olvidar y olvidar y nunca recordar que pertenezco a una civilización perdida, que perdí tu amor, que exigen otras cosas en la vida.
Tengo miedo de ser de esas personas que mueren con la música dentro.
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