Hoy he soñado algo precioso y vertiginoso a la vez, quizá eso es lo que más se parece para mí a lo sublime.
Soñé que me llamaban para trabajar de profesora en un instituto, creo que de profesora de historia, o sociales, o algo así. Por un lado me aterrorizaba un poco la idea por ser una materia que no dominaba; por otro, estaba muy ilusionada, y ya tenía pensado cómo iba a ser mi primera clase para conocer a los alumnos, plantearles algunas preguntas como de qué manera solían ellos organizarse para estudiar, y otras cosas pedagógicas. Tenía muchas ganas. Además, era como si esa situación de mi vida fuese muy cercana a este momento actual, y encontrar ese trabajo me aliviaba muchísimo, como: "ya se ha terminado la preocupación".
El día justo antes de mi primer día de trabajo, dos amigos decidían organizar un viaje de un día a... ¿la Antártida? ¿Polo Norte? No lo sé. Como de quien va a la playa por un día, fuimos a un lugar congelado y sobrecogedor. Era precioso. Por este tipo de cosas me encantan los sueños, poder vivir como reales cosas tan imposibles o raras, o al menos cosas que a mí me daría miedo descubrir en la realidad.
Nos alojábamos en una especie de habitación de hotel que se parecía mucho a mi piso de Almería, y se estaba calentito allí. Recuerdo que me estaba lavando las manos antes de irnos y me dijeron que las secara muy muy bien, pues si salía con las manos mojadas ahí fuera se me congerlarían y podría perderlas. ¡Qué horror! En la vida real yo no podría ir allí, y eso que ahora conozco a alguien que irá a la Antártida y estará con pingüinos y me da mucha envidia. Pero es algo que me da mucho miedo y respeto también.
Estuvimos al llegar por una zona muy grande, una explanada de suelo firme cubierta de nieve en la que hicimos un picnic. Éramos tres; un amigo (M), una amiga que no sé decir muy bien quién, y yo. Recuerdo que hice un iglú pequeñito, tamaño castillo de arena, y mi amigo me dejó una navaja suiza para dibujar mini ladrillos sobre la nieve dura. Era muy divertido, y estábamos tan bien. Empezaba a pensar en mi primer día de trabajo del día siguiente mientras dibujaba con la navaja; pensé en que debía decirles a mis amigos que no quería volver muy tarde para no estar cansada y dormir bien aquella noche. Seguía pensando en cómo me dirigiría a los alumnos, si yo les caería bien, si sería buena profesora...
Entonces nos fuimos y cambiamos de zona. Fuimos a explorar un poco y nos encontramos con dos posibles caminos, a cada cual peor pues el suelo estaba en muy mal estado. Más bien se trataba de enormes trozos de hielo flotando en el agua congelada, y daba mucho miedo porque gran parte de su unión se estaba descongelando y resquebrajando. Intentamos un camino y el hielo se partió antes de que lo alcanzáramos, así que fuimos al otro. "Caerme a este agua resultaría en la muerte", pensaba todo el tiempo. El segundo camino no fue mejor, éste se rompió con nosotros encima y quedamos a la deriva, sujetándonos con las manos al compañero de al lado y tratando de no caer al agua en un vaivén de las olas.
Por un momento, aunque estaba aterrorizada y deseando estar en casa, supe que todo iba a salir bien. No sé por qué, en un lugar tan inhóspito y una situación tan descontrolada, supongo que sabría en el fondo que estaba soñando, así que no quería despertar.
Entonces fui despertando y volviendo a casa, al calor del hogar, a kilómetros de esos casquetes polares tan traicioneros y del agua congelada que impide pensar.
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