Nuestra primavera fue... preciosa.
Sublime.
Increíble.
Digna de películas y cuentos. Fue tan maravillosa... El sol brillaba tanto y calentaba los huesos, encendía el corazón y el viento soplaba en el momento idóneo, para alejar de nosotros todo mal, todas las preocupaciones.
Estuve tan tranquila, tan soñadora, tan... como nunca había estado conmigo, en comunión con los demás, la naturaleza y... tú, tan como nunca... Que ni siquiera te pregunté muchísimas de las cosas que habría deseado.
Cosas que debería haber hecho contigo, y mucho más... con ese constante sentimiento de que siempre habrá tiempo, para eso y muchas cosas más...
...pero el verano comenzó, y su llegada nos sumergió en diferentes burbujas. La mía, sin oxígeno... La tuya, con somníferos y tranquilizantes para olvidarse del mundo y no querer regresar. Y te dejaron en un estado eterno de sueño, y estabas tan guapo, tan encantador, dormidito...
Mas el verano finalizaba, y tú al despertar no recordabas quién era yo.
Y ahora mi amor se está muriendo... Se está deshojando con cada hoja de este otoño, y llora y sangra... Cada día es más débil y le falla la fé, ¿sabes?
Y me pregunto... incluso fuerzas me faltan para pensar y para tocar estas teclas... me pregunto, si el día en que caiga la última hoja y comienze el invierno, el amor habrá muerto. Si el frío congelará sus venas... y no estaremos los dos para cuidarlo, arroparlo, besarlo..
Me pregunto, si algún día podrá volver a brotar ese amor de nuevo una primavera. Si despertará, como si sólo hubiese tenido un catarro. Y nos dirá: ¡Hola! ¿Dónde habéis estado?
..y llegaré... y te contaré... te escucharé susurrarme... y te veré sonreir
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(L)
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