sábado, 25 de septiembre de 2010

El amor muere así

"¿Quién se atreverá, pues, a derrotar al Amor? ¿Quién me traerá su cabeza en una bandeja?" inquirió el Odio, con rojos ropajes. Con su compañera la Envidia, sentada a su derecha.

Más de una vez había mantenido conversaciones con ella, en las que sus descabelladas y oscuras ideas se habían acrecentado pensando que él debía ser el único en vestir el rojo. Y que debía hacer que ese color le representara y quedara mejor en él...
A su izquierda, por otro lado, estaba sentada la Indiferencia. Ni siquiera parecía estar escuchando, y ya debías ser una eminencia para llamar su atención. Mas el propósito del Odio de asesinar al Amor le había conseguido tentar, y arrancó una sonrisa malébola a todos los presentes al ser puesta la situación sobre la mesa.

Más allá estaban reunidos otros viejos amigos. La Ambición, vestía ropajes de seda y caras joyas para ostentar los títulos de los que disponía; el Pesimismo también estaba sentado allí, y el Egoísmo, con sus pies apoyados ocupando una silla vacía que habría pertenecido a la Cobardía anteriormente.
Crueldad y Frialdad amigas íntimas, sentadas al fondo. Mientras que ocupaban una esquina la Apatía, la Depresión y el Rencor...

Entonces alguien habló. Se trataba de los Celos, vestidos de inocente y pasteloso rosa...
Rompió el murmullo de la sala diciendo: "Yo mataré al Amor. Inventaré historias tan crueles y controlaré de tal manera las circunstancias que hagan desconfiar y decaer su fé".
Y así lo hizo, perversa y burlona... consiguió herir bastante al Amor. Pero no lo suficiente. Con gran esfuerzo y paciencia, el Amor pudo derrotar a los Celos y proclamarse victorioso.

Iracundo, el Odio ordenó a la Apatía y la Depresión rondar al Amor. Su intención era hacer que se sintiera tan triste, tan pesado... que no existiera en su cabeza una sola razón para su existencia.
Pero fracasaron... La Apatía y la Depresión llegaron con heridas graves, y el Amor se había hecho aún más fuerte con la experiencia de superarles.
De modo que decidió enviar a la Frialdad, que con altos tacones y esbelta figura, desapareció misteriosamente para traer después no más alentadoras noticias. De manera que decidió ir con el refuerzo de Crueldad y Egoísmo.
Así pues, los tres unieron fuerzas e hicieron sentir al Amor poco valorado y vulnerable. Le debilitaron hasta tal punto, y le golpearon tan fuerte... que realmente ya estaban a punto de saborear la victoria.
Pero al amanecer, el Amor pensó que debía haber una razón para todo aquello. Todo aquel... aquel odio, aquella crueldad y aquella oscuridad que se derramaba en sus días. Todo se acumulaba, pero hasta ahora había superado cada prueba... ¿Se quedaría ahí, sin más?
Ahí estaba el camino recorrido, donde había superado todo lo que le habían puesto por delante. Más débil y vulnerable al principio; más fuerte y confiado después. Había llorado hasta quedarse sin lágrimas, había peleado hasta sangrar los nudillos... ¡No! No podía quedarse ahí toda su historia.
Así que cuando la Frialdad le golpeó, él ni se inmutó; cuando la Crueldad le dio una patada, el Amor la esquivó; y cuando el Egoísmo intentó asfixiarle, él se deshizo de sus garras y le dio la espalda.

Y es que cuando se acerca a ti el Desprecio... para vencerlo hay que... ¡darle tu aprecio!

El Odio golpeaba la mesa de reuniones. Había ido gastado los sentimientos más fuertes y los más pequeños. Incluso aquellos a los que consideraba inútiles, los mandó a probar suerte.
Pero no la hubo...
Incluso la Traición y el Engaño participaron, y la Indiferencia no tuvo ni la oportunidad.
El Amor seguía fuerte y profundo aunque fuera ignorado. Persistente y tozudo ante la guadaña de las traiciones, indiferente a la amenaza del desengaño...
De modo que con valentía y arrojo superó y derrotó a todos y cada uno de ellos. De tal manera que al Odio no le quedó más remedio que apuntar: "En definitiva.... me temo que el Amor es invencible." y procedió a quitarse sus rojas ropas, cuando una figura oscura le detuvo.
Iba vestida de negro de pies a cabeza, y su rostro estaba cubierto por una enorme capucha. Con una voz surgida de las sombras, dijo: "Yo acabaré para siempre con el Amor."

Y sin más dilación se fue.
Se fue y no volvió. En el transcurso de días, semanas, y meses...
Todos se preguntaron de quién se trataría aquella figura que había dicho meses atrás que acabaría con el Amor. Al respecto de su tardanza, todos pensaron que debió fallar en su empresa.
Hasta que un día... Esa oscura figura volvió.

"Aqui os traigo, para que ante vuestros incrédulos y arrogantes ojos todos seais conscientes de que lo que digo es cierto, la prueba de mi victoria. El cadáver del Amor." dijo la encapuchada dejando el cuerpo sobre la alargada mesa, hecha un ovillo de ropajes rojos, teñidos ahora con su propia sangre. Nadie podía creerlo. Un sólo ser había logrado lo que ninguno de ellos, ni todos juntos, habían conseguido siquiera a duras penas. Y ella, indiferente a reconocimientos ni ovaciones, ante las caras atónitas de todos, dio media vuelta para marcharse, pero el Odio la agarró fuerte del brazo y la detuvo. Y le dijo: "¡Espera! Dinos... ¿quién eres? ¿cuál es tu nombre?"

Y la encapuchada figura, dandose la vuelta de nuevo, dejó ver su demacrado rostro por el paso del tiempo y todos dejaron escapar un grito ahogado.


"...soy, la Rutina"


El único misterio que no podía resolver... era por qué mi corazón no podía olvidarle . . .

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