miércoles, 26 de agosto de 2015

Puertas que no escogí

«Siempre he visto la vida como una serie de puertas. A veces logras escoger la puerta que atraviesas, a veces no tienes esa opción; pero aun así, tienes que atravesarla. Así que, o vas dando patadas y llorando, o caminas y la cruzas con la cabeza en alto.»

Supongo que a veces es inevitable cruzar algunas puertas llorando y aferrarnos al pasado. Aferrarnos a nuestro momento feliz, conservar la cordura fingiendo un poco de locura y tratar de no vernos desprovistos de golpe de todo. No me importa si no es algo sano, creo que mi subconsciente me protege, me aleja de cosas horribles en las que no quiero pensar, defiende mi mente de la tristeza, de la angustia agonizante, de la locura que deja demacrados los ojos y la garganta afónica. Aun así, no es capaz de librarme de los sueños, ni de las noches en vela.

He soñado cosas que me han hecho reflexionar acerca de mi propia ética, mis sentimientos y mi modo de pasar por ciertos momentos. No me importa no saber si los sueños son cosas que ya sabemos o si algo mucho más sabio desde lo más profundo de nosotros lo envía para que seamos conscientes de ello, el caso es que aprendo tanto con mis sueños.
Una vez soñé que las personas que amo y que ya no están conmigo me enviaban un mensaje por televisión, como si fueran reporteros de un telediario normal. No sé bien de qué hablaban porque utilizaban un lenguaje demasiado avanzado para mí, sólo podía fijarme en esas letras de abajo donde se incluyen el nombre de la persona y el lugar desde el que está retransmitiendo. Pero incluso eso, estaba en un lenguaje e incluso en carácteres que no podía reconocer. Sólo pude distinguir algo como "fase 5", y supuse que sería algún lugar de transición entre la muerte y lo que llamamos vida. Me vi desesperada por resolver el enigma, ese enigma que ningún humano debe resolver vivo, pero que me atormenta tanto todos los días, cada pregunta, cada segundo que no comprendo. Y como en un sueño premonitorio, me vi a mí misma buscando lo mismo y del mismo modo que hice en mi sueño en la vida real cuando estuve despierta. Y los primeros resultados me hicieron caer como si mi cuerpo fuera de plomo. "Aceptación", la quinta fase del duelo. No se me había ocurrido pensarlo hasta ese momento. Habría deseado tanto leer leyendas sobre tipos de cielo o fases astrales de estados de consciencia superior, algún tipo de teoría metafísica que me mantuviera ocupada, trabajando y con la mente a cien de inspiración. Y sin embargo aquella pequeñísima palabra significó de lleno todo mi mundo. La aceptación no como la resignación ante las puertas que cruzamos, sino como el estoicismo sabio del que hablaba Marco Aurelio. El filósofo estoico de los helenos, el ser consciente de sí mismo y capaz de lograr la imperturbabilidad del alma ante todo el conocimiento que posee de la naturaleza de las cosas, de sí mismo, y de aquello que está más allá.

Conocimiento. Bueno, el conocimiento no es exactamente verdad ni fe. Conocimiento es algo que se aprehende con el alma. En el final, las puertas que no he escogido me han llevado ante las puertas adecuadas, puertas que sí he escogido. Toda mi vida, todo mi ser ha estado y está impregnado de deseo de conocimiento. Conocimiento, no leyes humanas o de la Tierra. Conocimiento sobre el alma.
Es una puerta dolorosa que cruzaré con la cabeza en alto.

2 comentarios :

Verba Legal dijo...

Siempre sorprenden los mensajes del subconsciente. Mmm.. aceptación, aunque no he entendido muy bien a qué se refería, si al hecho de la realidad del mundo o si a algo más. En cualquier caso, siempre hace falta, y siempre siempre siempre duele.

Nath dijo...

Bueno, supongo que en general, es algo complicado. Por eso he acabado pensando en el estoicismo. La mayoría de la gente no lo entiende, cree que aceptar la muerte por ejemplo es resignarse, rendirse a lo que viene y no es así. Aceptar algo no es una rendición, es una victoria. Sólo cuando superas algo lo aceptas, y la ataraxia es algo así como un estado en el que consigues comprender lo que ocurre. Eso no significa que no te afecte... sino que tu determinación para afrontarlo crece gracias a la experiencia y la capacidad de comprensión.
Creo que ahora veo algunas cosas de un modo que no puedo explicar muy bien y que, aunque lo hiciera bien, no sé si se podrían ver igual desde fuera de mí. Lo que sé es que me siento... tranquila en cierto modo, porque el modo en que ocurren las cosas me ayuda mucho a comprenderlas.