La idea del tiempo (no puede ser otra cosa que una idea), me atrapa en laberintos mentales de aquello que no existe, o en lo que todavía no existe. Tampoco sé si puedo valorar el presente de otra forma que pensando en el futuro o en el pasado. Sobre todo en el futuro... Por pensar en que las cosas no van a durar, en que incluso aunque tuviera todavía a las personas que quiero conmigo, las sensaciones, los momentos, todos los recuerdos, ya no serán igual. Siempre intento apreciar lo que son las cosas ahora aunque a veces no pueda evitar pensar en el pasado.
Ya no lo hago tanto como antes, desde luego. Me entristece pensar en la cantidad de cosas que estoy perdiendo, que estoy olvidando. Acostumbrada desde niña a guardar cada trocito casi obsesivamente para recordarlo tal como era... Conversaciones, frases, fotografías, diarios, vídeos con amigos...
Me veo y no me reconozco. Sé que soy yo, que también estaba llena de inseguridades, que también estaba seria, que también se sentía sola. Pero desde aquí, me es muy difícil no sentir nostalgia. La misma sensación me recorre a veces cuando observo un álbum de fotos de la familia y me veo tan pequeña, de cosas de las cuales no recuerdo casi nada. De mi mirada, de cómo razonaba acerca de las cosas por dentro, y me entra una sensación muy extraña de pensar que antes era mucho más sabia.
Me alegro de ser quien soy ahora, pese a todas las cosas. Todos los errores, cantidades de situaciones y recuerdos que aún hoy me avergüenzan. Algunas cosas que hice que al pensar en ellas hacen que me tape la cara inconscientemente. También me siento orgullosa de otras cosas, cosas pequeñas que simbolizan mucho para mí, y que yo sé que están ahí, incluso aunque a veces no las recuerde. O incluso aunque sea la única que las recuerde.
Todas esas mañanas y tardes en autobús pensando y mirando las calles lluviosas consciente de que yo iba a ser la única que se quedará para siempre, preparándome, mentalizándome. Todos los días en que preferí estar sola porque no me quedaban fuerzas para seguir "apreciando el momento". Todas las noches que me quedé escribiendo hasta que saliera el sol. Todos los momentos en que he podido estar sola con otra persona sin invadir nuestro espacio.
Estos días ya me he permitido estar ausente. Tengo que volver a mi trabajo diario de apreciar todo lo que hay en mi vida.
2 comentarios :
"Volver a mi trabajo diario de apreciar todo lo que hay en mi vida". No podría haberlo definido mejor. Claro que hay cosas buenas, pero al igual que necesitamos tiempo para asimilar lo que aprendemos, parece que con los sentimientos y con las sensaciones es igual, y por eso valoramos más el pasado que el presente, aunque el presente sea bueno, o a lo mejor es solo que el ser humano es idiota y valora las cosas cuando las pierde y no hay más explicación. Pero no siempre ha sido así para mí, echo de menos vivir sin pensar en todo esto, antes no me preocupaba, puede que fuera egoísta, pero sabía vivir mejor y ya no hay vuelta atrás. No pensaba en el espacio personal, en el agobio de que el tiempo pase, en las personas que perdimos, etc.
Pero bueno, todo lo que dices, tanto esos momentos de pequeñas con la familia (o buenos ratos en general), como todos aquellos recuerdos que nos avergüenzan, nos han llevado "a ser quienes somos" como has escrito. Una especie de efecto mariposa, y después de todo, podría haber sido peor.
Sí, podría haber sido mucho peor. Por eso siempre, al final, estoy agradecida. En realidad sí que nos preocupábamos de muchas cosas, sobre todo teníamos demasiado prisa por algunas, y también echábamos de menos. Lo que pasa, quizá, es que en la adolescencia en general y la juventud se siente todo con tanta intensidad... con esa magia de las primeras veces, con ese vivir por primera vez y por fin algo de libertad. Ahora nos encaminamos hacia una etapa totalmente diferente. Una época de aprender a controlar las emociones, a aceptar que las vivencias ya no son... wow, tan intensas, y que la vida es así. Hay y habrá nostalgia, siempre. Dentro de no mucho añoraremos las sensaciones de ahora.
Alguien dijo una vez que los veinte son la edad para cometer errores, para equivocarse y probar todas las veces que sean necesarias hasta encontrar nuestro camino. Nosotros hemos recorrido a veces demasiado deprisa algunos, no por decisión propia, pero aún así nos queda mucho por descubrir. Es tiempo de ordenar todos los pedacitos de quien somos que hemos ido construyendo, hacer carrera de ello y aventurarse. Aventurarse a seguir viviendo...
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