domingo, 30 de agosto de 2015

Leones en la playa

Los minutos en este trance al que llamamos mundo se hacen agónicos cuando pienso en el potencial humano, en la creatividad, en la imaginación. Y me pregunto, al igual que de los recuerdos, por qué disponemos de una habilidad que nos hace sufrir tanto. Aún más cuando nos venden que eso nos hace felices. No me hace feliz imaginar mundos fantásticos, si me emociono y a veces lloro porque no podré alcanzarlos. No me siento feliz si pienso en el pasado, en personas que me hicieron feliz, en historias que quedaron a medias, sin sentido, sin "moraleja". Lo sé porque ahora mismo casi todo me hace llorar; el pasado, el presente, el futuro... No puedo imaginar nada bueno porque o bien no me lo creo, o bien es demasiado perfecto y viene implícito que es imposible conseguirlo.

Lo peor son las cosas que creo. Cosas que "no están mal", pero que, no nos engañemos, en realidad son un poco deprimentes, y necesitan además de muchísimo esfuerzo.
No tengo ganas de nada, no quiero una vida humana sin magia, sin posibilidades, sin sueños. Se me evaporan las fuerzas cuanto más lejos huye mi imaginación y mis necesidades de despegar del suelo. Todavía no es tarde, me digo, para hacer algunas cosas que de mágicas no tienen nada pero que sin embargo me proporcionarían, al menos, algo de adrenalina.

Me da miedo estar quedándome sin tiempo, sin tiempo para poder hacer lo que quiero y que salga bien, para todas las partes. Tengo una angustia existencial que me frena en casi todos los niveles, y tampoco estoy segura lo suficiente de quién soy para sentirme buena para eso. Y es que quizá me decepciona más eso de mí misma que de las cosas que puedo o no encontrar. Quién soy yo para pedir nada a las personas, hay días que no quiero levantarme.

1 comentario :

Verba Legal dijo...

Yo también echo de menos cuando era pequeña y creía que de una forma u otra podía alcanzar esos mundos fantásticos, pero por otra parte, me sigue haciendo feliz leerlos o imaginarlos porque me ayuda a aislarme de este mundo. Es verdad que este mundo puede no estar hecho para ti o para mí, con cada una a su manera, si nos cuesta relacionarnos con los demás, si tenemos roles fingidos con la gente, dificultades por todas partes que nos impiden mucho alcanzar lo que queremos.., pero para bien o para mal nos queda mucho por delante, y puede que algo de ilusión podamos encontrar. No sé, te entiendo muy bien, y a veces para disminuir los días en que no tengo ganas de levantarme me pongo objetivos a corto plazo (aunque como todos, tenga metas a muuuy largo plazo que parece que no vayan a llegar), intento analizar la tristeza y llegar a su origen para reflexionar y charlar conmigo misma, porque a veces siento que aunque todos tengamos problemas, nadie entenderá los míos (al menos sin juzgarme antes), y que sólo yo misma puedo ayudarme, etc.

En definitiva, lo que intento es sobrevivir a los dias aferrándome a las cosas buena que haya en mi vida o que pueda hacer llegar. Una parte buena es que para nosotras aun no es tarde para hacer absolutamente nada que queramos (aunque me aterre el paso del tiempo y a veces me haga llorar). Así que tampoco es tarde para buscar ilusión en cualquier rincón. Entiendo lo que escribes, y hay más personas escondidas que seguro que también. Aunque no conozcamos a esas personas sabemos que en cierta manera no estamos solas.

Con tu comentario en mi entrada, sí, estoy sienciada. En mi casa especialmente porque todo lo que no se parezca a lo que ellos piensan es "incultura" o "inmadurez" (que sí, en muchas facetas sí, y mucho, pero no me vale como argumento solo porque tenga una opinión distinta), y también en el día a día, tanto con política como escribí, como con el tema de vegetariana. Me acusan de que somos unos intolerantes cuando respeto todo y jamás le he dicho a nadie qué comer y qué no, ni he intentado imponer nada, solo es una decisión personal. Estoy harta de tener que justificar mis decisiones, pero también estoy harta de que sin preguntarme justificaciones me ataquen gratuitamente y de forma fuerte por mi forma de vida. En fin, en todos los sentidos la sociedad me pesa cada día más y más y me siento pequeña y sin voz, juzgada injustamente y bastante triste. Tengo buenas intenciones, frustración, impotencia y tristeza.