Ayer volví a estar con mis dos amigos de la adolescencia después de tantísimo tiempo. Nos habíamos visto por separado, pero los tres juntos no nos reuníamos por lo menos desde hacía siete años. Me sigue resultando increíble el paso del tiempo...
Me encantan los contrastes, pero aún me gusta más ver lo poco que cambian algunas cosas. Las personas, la esencia. Me gusta ver que hay matices, pero se respeta la estructura del mundo, como si todo fuera una casa a reformar para que fuera mejor. Quisiera creer que así es como va mi vida. Que a veces está hecha un desastre y hay escombros por todas partes y resoplo, y se me quitan las ganas de arreglar o limpiar nada. Pero es lo que ocurre en todas las reformas, hay un gran momento de caos, de cosas tiradas por el suelo, y todo forma parte del proceso para convertir el espacio en un lugar mejor. Es duro pero cuando se arreglan los agujeros, y se reorganizan los muebles, se limpia el suelo y se tira lo que ya no es necesario, de repente nos inunda la paz y sabemos que hemos hecho bien, que no nos arrepentimos, que es el cambio que necesitábamos.
Entonces podemos descansar y aunque nos sintamos en un espacio nuevo, conservamos la sensación de estar en casa. Porque sigue siendo nuestra casa, sólo que mejorada.
Aunque todo esté lleno de escombros y mi corazón lleno de agujeros, quiero seguir mejorando mi vida, cerrarme menos a los cambios y a las personas, dejar de pensar... "ha cambiado, ya todo será diferente", sin pensar que diferente no es sinónimo de peor. Diferente es lo que necesito. Abrazar los cambios, aunque sean dolorosos, aunque eche de menos mis paredes...
Seguro que pronto todo estará arreglado.
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