Se encaminaron el kender y el semielfo de camino hacia ningún lugar. Ninguna estación en concreto, ninguna hora marcaba sus vidas, ninguna dirección encaminaba sus pasos.
El cielo cambiaba en cada lugar que visitaban, y el semielfo a veces se preguntaba si era su propio estado de ánimo reflejado en la inmensa bóveda celeste...
Sus ojos azul claro intenso a veces miraban hacia ningún sitio en concreto, y entonces, por un instante... quizá en un tiempo inmedible para la kender, sus ojos pestañeaban con tal delicadeza, con tal exactitud... desde aquellas largas pestañas, las que otorgaban algo de dulzura a su fría mirada.
El kender no paraba de hablar y hablar... y correteaba feliz entre el polvo del camino, la maleza y las angostas piedras de laderas y cuestas. A veces tropezaba, a veces perdía el equilibrio, a veces andaba tan deprisa que parecía que se fuera a caer. Pero no le importaba. Dícese de los kenders que son criaturas curiosas por naturaleza, de rostros joviales y alegres toda la vida...
Son seres sensibles, risueños y muy expresivos. Su cara de ilusión inocente y a veces infantil casi nunca cambia con el paso de los años.
Son inmunes al miedo a menos que sea de naturaleza mágica, como el que provoca una Torre de Alta Hechicería o el aura de miedo que rodean a los dragones del mal. Así pues.. un kender se enfrenta a casi todo lo que se le planteee en la vida...
Mas dentro de todos los tipos de kenders, los semikenders... y los casi kenders, por así llamarlos, había una serie de características que no se tenía en común o que se había perdido en parte hacía algunos años.
Esta kender a veces era precabida, defensora de los propios ideales y de su fantasía común en su mundo.
El semielfo contaba largas y entretenidas historias durante el camino, a veces viejas anécdotas o peripecias que la divertían y hacían reir.
A veces se preguntaban dónde estaban... no por mucho tiempo, no con demasiada preocupación. Porque a pesar de todo, seguían andando sin sentirse perdidos, seguían hacia adelante como si no se terminara el camino...
¿Qué puedes perder o cómo puedes perderte a ti mismo... llevando contigo lo que necesitas?
Además al semielfo no le gustaba lo común ni la monotonía, rasgo que a veces compartía con su amiga kender, quien padecía de ansia viajera y unas necesidades enormes por cambiar constantemente el rumbo de su trayectoria.
"La vida y el destino, su curso, es como un gran río" solía decir ella. "Puedes arrojar todas las piedras que quieras, que ello no cambiará hacia dónde desemboque ese agua. Porque las rocas grandes no se moverán..."
Pero al semielfo no le gustaba siempre creer en destino o profecías. Era más de pensar que el destino y la trayectoria la creaba uno mismo... y con el día a día, como en ese camino que iban los dos recorriendo.
Sin lugares, sin horas, sin dolor, sin agobio... sólo el camino, y la conversación.
A veces hallaban la calma en el silencio, y ella se sentía segura con el semielfo. A veces le miraba a los ojos e intentaba leer en ellos, pero se ahogaba en ese intenso azul... Se perdía en la inmensidad de aquello, de su mirada, de su iris y del brillo que a duras penas reflejaban sus ojos. No le miraba fíjamente durante mucho tiempo... si no quería perderse de verdad y no encontrarse entre aquel mar azul.
Ella entonces se metía las manos en los bolsillos, e incluso pensaba si quisiera volver atrás algún día. A veces se preguntaba qué hacía, y cómo estaba disfrutando.
Pero el momento de separar los caminos no estaba lejos, y ambos se enfrentarían a lo que aún quedaba por delante... El Bosque Oscuro.
Decían que sus árboles se movían como mecidos por una extraña chispa que les daba vida real y movimiento. Que susurraban cosas... que engañaban y atrapaban a los lugareños que se acercaban demasiado.
Decían que los niños quedaban atrapados y que grandes magos y hechiceros que lucharon allí habían maldecido ese bosque desde hacía centenares de años.
Los pies del kender querían bordear el bosque y hacer un camino más largo, pero el semielfo insistía en cruzar el Bosque, a sabiendas de que lo que se decía de él era pura palabrería y cuento... y que, gracias a eso, evitarían algún desafortunado encuentro, ya que hasta los ladrones que asaltaban los caminos se negaban en rotundo a pasar cerca del Bosque Oscuro.
"¿Dragones? ¿Hechiceros? ¡Todo cuentos! Lo peor que podría encontrarme en ese bosque sería conmigo mismo..." Bromeaba el semielfo, aunque algo serio. "Además no podríamos llegar con suficiente tiempo si bordeáramos todo el bosque, es de locos." La kender no se atrevió más que a fruncir el gesto, y tras la insistencia del otro... acabaron adentrándose en el dichoso bosque.
Y tuvo razón, el camino fue mucho más corto. No encontraron árboles andantes, hadas o hombres lobo... pero aún así, la kender seguía pensando que era de locos.
La atmósfera era fría y no se oía ni un sólo ruido, ni una pizca de vida. Las hojas crujían bajo sus pies, el cielo ennegrecía aún más si podía y la luna... esa solitaria cambiante, se mostraba distante y algo recelosa a brillar como siempre.
Al salir del bosque respiraron una bocanada de aire fresco... Estaban cerca del final de su aventura y la vida seguiría su curso. Aún no se habían detenido y la kender ya sentía ganas de salir corriendo. Pero el semielfo aún estaba allí, a su lado...
¿Cómo se puede sentir una sensación tan inmensa? ¿Cómo se puede estar tan lejos... estando tan cerca? ¿Cómo se puede extrañar lo que no se conoce? ¿A dónde va todo aquello en lo que se piensa...?
Pero aunque el tiempo no fuera su amigo y sus circunstancias variaran, en el fondo de su corazón algo lo decía...
Volverían a vivir unas nuevas aventuras juntos. Volverían a las andadas.
El cielo cambiaba en cada lugar que visitaban, y el semielfo a veces se preguntaba si era su propio estado de ánimo reflejado en la inmensa bóveda celeste...
Sus ojos azul claro intenso a veces miraban hacia ningún sitio en concreto, y entonces, por un instante... quizá en un tiempo inmedible para la kender, sus ojos pestañeaban con tal delicadeza, con tal exactitud... desde aquellas largas pestañas, las que otorgaban algo de dulzura a su fría mirada.
El kender no paraba de hablar y hablar... y correteaba feliz entre el polvo del camino, la maleza y las angostas piedras de laderas y cuestas. A veces tropezaba, a veces perdía el equilibrio, a veces andaba tan deprisa que parecía que se fuera a caer. Pero no le importaba. Dícese de los kenders que son criaturas curiosas por naturaleza, de rostros joviales y alegres toda la vida...
Son seres sensibles, risueños y muy expresivos. Su cara de ilusión inocente y a veces infantil casi nunca cambia con el paso de los años.
Son inmunes al miedo a menos que sea de naturaleza mágica, como el que provoca una Torre de Alta Hechicería o el aura de miedo que rodean a los dragones del mal. Así pues.. un kender se enfrenta a casi todo lo que se le planteee en la vida...
Mas dentro de todos los tipos de kenders, los semikenders... y los casi kenders, por así llamarlos, había una serie de características que no se tenía en común o que se había perdido en parte hacía algunos años.
Esta kender a veces era precabida, defensora de los propios ideales y de su fantasía común en su mundo.
El semielfo contaba largas y entretenidas historias durante el camino, a veces viejas anécdotas o peripecias que la divertían y hacían reir.
A veces se preguntaban dónde estaban... no por mucho tiempo, no con demasiada preocupación. Porque a pesar de todo, seguían andando sin sentirse perdidos, seguían hacia adelante como si no se terminara el camino...
¿Qué puedes perder o cómo puedes perderte a ti mismo... llevando contigo lo que necesitas?
Además al semielfo no le gustaba lo común ni la monotonía, rasgo que a veces compartía con su amiga kender, quien padecía de ansia viajera y unas necesidades enormes por cambiar constantemente el rumbo de su trayectoria.
"La vida y el destino, su curso, es como un gran río" solía decir ella. "Puedes arrojar todas las piedras que quieras, que ello no cambiará hacia dónde desemboque ese agua. Porque las rocas grandes no se moverán..."
Pero al semielfo no le gustaba siempre creer en destino o profecías. Era más de pensar que el destino y la trayectoria la creaba uno mismo... y con el día a día, como en ese camino que iban los dos recorriendo.
Sin lugares, sin horas, sin dolor, sin agobio... sólo el camino, y la conversación.
A veces hallaban la calma en el silencio, y ella se sentía segura con el semielfo. A veces le miraba a los ojos e intentaba leer en ellos, pero se ahogaba en ese intenso azul... Se perdía en la inmensidad de aquello, de su mirada, de su iris y del brillo que a duras penas reflejaban sus ojos. No le miraba fíjamente durante mucho tiempo... si no quería perderse de verdad y no encontrarse entre aquel mar azul.
Ella entonces se metía las manos en los bolsillos, e incluso pensaba si quisiera volver atrás algún día. A veces se preguntaba qué hacía, y cómo estaba disfrutando.
Pero el momento de separar los caminos no estaba lejos, y ambos se enfrentarían a lo que aún quedaba por delante... El Bosque Oscuro.
Decían que sus árboles se movían como mecidos por una extraña chispa que les daba vida real y movimiento. Que susurraban cosas... que engañaban y atrapaban a los lugareños que se acercaban demasiado.
Decían que los niños quedaban atrapados y que grandes magos y hechiceros que lucharon allí habían maldecido ese bosque desde hacía centenares de años.
Los pies del kender querían bordear el bosque y hacer un camino más largo, pero el semielfo insistía en cruzar el Bosque, a sabiendas de que lo que se decía de él era pura palabrería y cuento... y que, gracias a eso, evitarían algún desafortunado encuentro, ya que hasta los ladrones que asaltaban los caminos se negaban en rotundo a pasar cerca del Bosque Oscuro.
"¿Dragones? ¿Hechiceros? ¡Todo cuentos! Lo peor que podría encontrarme en ese bosque sería conmigo mismo..." Bromeaba el semielfo, aunque algo serio. "Además no podríamos llegar con suficiente tiempo si bordeáramos todo el bosque, es de locos." La kender no se atrevió más que a fruncir el gesto, y tras la insistencia del otro... acabaron adentrándose en el dichoso bosque.
Y tuvo razón, el camino fue mucho más corto. No encontraron árboles andantes, hadas o hombres lobo... pero aún así, la kender seguía pensando que era de locos.
La atmósfera era fría y no se oía ni un sólo ruido, ni una pizca de vida. Las hojas crujían bajo sus pies, el cielo ennegrecía aún más si podía y la luna... esa solitaria cambiante, se mostraba distante y algo recelosa a brillar como siempre.
Al salir del bosque respiraron una bocanada de aire fresco... Estaban cerca del final de su aventura y la vida seguiría su curso. Aún no se habían detenido y la kender ya sentía ganas de salir corriendo. Pero el semielfo aún estaba allí, a su lado...
¿Cómo se puede sentir una sensación tan inmensa? ¿Cómo se puede estar tan lejos... estando tan cerca? ¿Cómo se puede extrañar lo que no se conoce? ¿A dónde va todo aquello en lo que se piensa...?
Pero aunque el tiempo no fuera su amigo y sus circunstancias variaran, en el fondo de su corazón algo lo decía...
Volverían a vivir unas nuevas aventuras juntos. Volverían a las andadas.

Te dije que te dedicaría una entrada ¿no...? ^^
Un besazo, semielfo!!!!! =D
3 comentarios :
Ey!!!Me encanta! ME encanta!!!! Como sabes que mis personajes favoritos son los semielfos??? Ainsss, son los mejores :P
Si los kenders son inmunes al miedo... bueno, mejor me callo XD Aunque si es de naturaleza magica... aquel bosque es mágico! y nunca se sabe lo que puede pasar dentro...
"¿Qué puedes perder o cómo puedes perderte a ti mismo... llevando contigo lo que necesitas?" Este frase me encanta :P
Por cierto! Creo que el kender si que se perdía "en aquel mar azul" bastante a menudo, mas de lo que esperaba :P
Que esta no sea la última aventura del semielfo y el kender!!! Quiero MASSSS!!!!
Muy prometedor, espero estar ahi para ver como sigues escribiendo.
Un saludo
Gracias, me alegro de que te guste =)
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