Tal vez sea una paranoica, tal vez lo he sido toda mi vida. A veces siento cómo otras mujeres me rechazan, me apartan, me hacen vacío. No me intentan intimidar pero parecen esforzarse por fingir que ni siquiera existo, que ni siquiera he hablado, que ni siquiera me han visto. A algunas no les sale tan fingido, y eso me agobia. No comprendo a las mujeres. Y todo sea dicho de paso, tampoco a los hombres.
Creía tener amigos, amigos de verdad. Pensé en la remota posibilidad de conexión de un ser humano con otro ser humano, independientemente de que somos carnívoros a dos patas, civilizados, vestidos como payasos, pero animales en potencia y en curso. Ese ser y no ser tan raros. Vemos otros animales en los documentales, nuestra comida. Nos relamemos al mirar el culo de la secretaria, pensando en no sé qué instintos que sí aceptamos, que reconocemos, que legalizamos. Nos esforzamos por ser personas normales mientras tomamos un café, pero esta pasada madrugada no pudiste dormirte y viste un vídeo porno desesperado, jadeando, incontrolado, movido por una fuerza que crees humillante o enarbolas como una bandera desde tus entrañas. O, tal vez, sólo llegaste a la mitad. Vale, sólo hasta que satisfizo los dos minutos que le faltan a tu imaginación de macho alfa.
Me asombra y a la vez me aburre nuestra capacidad para creer en el progreso. Y en las voluntades individuales de existencia de cada uno. Una vida vivida por escenarios, por procesos, saltando tubos y golpeando ladrillos con los sesos. Realmente nunca me había planteado lo absurdo que me ata al hecho de existir, más que mis similitudes con mi personalidad en el juego. Tengo mal perder, soy de una competitividad abrumadora, pero contradictoriamente no soporto el juego. No soporto lo que hace de mí, esa desesperación innata por la pérdida, ese soñar subjetivo con la derrota. Pensando en que la victoria es sólo un suspiro de alivio por no tener que vivir del otro lado, la humillación de aquellos que no saben ganar con dignidad ni honra.
No hay comentarios :
Publicar un comentario