miércoles, 7 de diciembre de 2016

La ley de la desesperación

El amor tiene dos leyes: la primera, amar a los otros; la segunda, eliminar de nosotros aquello que impide a los otros amarnos.
~ Alexis Carrel

Es tan fácil culpar a otros de la insatisfacción de nuestras vidas. De sentirnos solos, de estarlo, de no conseguir lo que deseamos, de la tristeza, la incertidumbre, la esperanza. Es tan fácil no hablar de los monstruos que llevamos encerrados dentro, y crear monstruos externos, a veces imaginarios, destruirlo todo, abrazar el caos y que, con suerte, ese caos que hemos creado cambie algo. Aunque sea por la avergonzante sensación de necesitar no aburrirnos, escaparnos. Para luego aguantar un tiempo hasta el siguiente caos autoinducido.

La sensación de bienestar al pasar la tormenta de caos es placentera y muy efímera. Pero las heridas de esas tormentas cataclísmicas son para siempre. En lo subterráneo, como el papel, las grietas se dibujan y quedan impresas como pequeñas cicatrices naturales. Que sangraron la tierra, tiñeron los ríos y estancaron presas de desesperación y recuerdos antiguos.
Y cuanto más entras en ese vórtice de caos-cosmos más te das cuenta de que todos los improperios que lanzaste hacia otros son en realidad gritos para silenciar las quejas de ti mismo.

Así estás solo, y abandonado.
Abandonado de ti, y por todos.

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