Tengo noches internas tan frecuentes, y contradicciones que cada vez me son más difíciles de afrontar, que a veces pienso que necesito un rescate. Una solución de emergencia, que es alarmante lo que pasa por mi mente, la actitud con la que vivo, incluso con la que sueño, las decisiones en torno a ella, y el desesperado cauce de reafirmación cada día. Como si no hiciera más que empeorar o ser real, incluso tras capas de densas burbujas.
Su material es metafísico, pero algo me induce a preocuparme cada día de nuevas barreras de protegerlo, para que no estalle y me vea rompiéndome, ardiendo, viendo de nuevo una claridad que aborrezco. Acepta tu odio, me digo. Acepta las cosas que no son bonitas dentro de ti, que proceden de fuentes externas. Acepta que se haya ensuciado tu conciencia con el paso del tiempo y de la experiencia. Pero esa suciedad no impide vivir, se puede limpiar, y se puede aceptar que vuelva como el polvo que se acumula en nuestros libros menos leídos.
Acepta el polvo que se acumula en las esquinas de tus sueños, esos que ya ni siquiera recuerdas, porque ahora te parecen cosas absurdas debido a la suciedad que los recubren. Una sociedad infecta llena de prejuicios te hizo sentir inseguro y sumiso, alterado de todo juicio y sin pureza de conciencia. Pero puedes volver a ser puro, abraza ese odio y acéptalo.
Vuelve a las olvidadas calles donde caminaste tranquilo, sin sentirte desprotegido o con otra preocupación que no fuera perderte en infinitos mundos. Allá fuera hay personas buenas, y otras que no saben que lo son luchan contra su odio como tú lo haces. Abraza a las personas buenas, aquellas que se buscan y que no entienden que siempre se acumule el polvo, como tú. Coged los libros más viejos, y juntos, haced que vuelvan a cobrar vida las historias de hace tiempo. Esas de las que la gente se ríe, mira con desprecio o ignora.
Encuentra personas entre la "gente". Haz que tu odio se calme y lea, vuelve a ser como eras.
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