miércoles, 27 de octubre de 2010

Antes de que digas algo puedes... ¿no decir nada?

No quiero que ocurra lo mismo. No quiero caer, en lo mismo.
No voy a escribir, ni pensar, ni soñar... con lo ajeno. Ni con pasados o realidades fantásticas. Ni a sentir, ni a recordar siquiera. Porque... este momento es diferente. Porque lo es todo. Porque si no lo aprovecho, quedaría en nada. Y es algo que no podría perdonarme.

Mas hay un momento en la vida en la que el dolor es una parte tan cotidiana, que cuesta mucho darse cuenta de cuándo no está. En dicho momento nos hacemos preguntas, nos sentimos confusos... Hasta que nos damos cuenta de que somos felices.
¿Dónde está esa realidad? Tal vez yo no sea infeliz... simplemente, es mi forma de pensar.

Pero estoy segura de que esta vez el camino cambia significativamente, porque... creo que ellos lo saben, y que creen en mi potencial. Y si ellos lo han dado por hecho, debe ser cierto. Entonces, ¿debo analizar la situación para deshacerme de viejos apegos? ¿debería curar mi corazón ahora? Tengo un poco de miedo de mirar atrás, porque no sé qué iba a encontrarme. Me he sumido en un sueño y se me han olvidado muchos detalles, y no quiero acordarme. No quiero pensar... si era algo auténtico o algo que lo parecía, pues si las cosas parecen auténticas a simple vista o son sentidas, ¿cómo voy a distinguir en mi vida? No quiero... no quiero... Nunca más.

Si vuelvo la vista atrás estoy perdida

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