Cuántas veces he destruido mi realidad... Por tratar de forzar el mundo contra ese molde. Tan pronto conocía a una persona que reunía alguno de los atributos que para mí eran seductores, pasaba rápido a formar parte de mi imaginario común de ideas y sueños en torno a una persona que no existe ni he conocido. Y tengo fantasías permanentes; personajes de libros, lugares, ideas sobre la vida y cómo quisiera vivirla, cómo quisiera sentirla, dónde quisiera estar. Y todos ellos poseen algún pero, una imperfección que a veces no logro descifrar, pero que a veces, si ese día la luz es clara y se abre paso, se vislumbra que tal imperfección no es otra que la de la imposibilidad.
Encuentro problemas a situaciones que no he vivido, ni viviré (probablemente), intento encajarlas en mi realidad y encuentro fisuras por alguna parte. Es similar a lo que sucedía cuando era niña y solía soñar despierta. Lo hacía a cualquier hora del día (creo que era mi pasatiempo secreto y "prohibido" favorito, dejar la vista perdida en un mundo abstracto y que no me sacasen de ese momento de pensar), pero sobre todo al dormir, encontraba satisfacción al soñar despierta antes de quedarme dormida. Soñaba sobre todo el mundo romántico y familiar, aunque también en muchas ocasiones había éxitos en otros ámbitos, lograba sueños no poco ambiciosos como cantar en un escenario ante miles de personas, actuar en teatros y películas de gran éxito, realizar acrobacias y todo tipo de actuaciones espectaculares, vivir una vida acomodada. Pero lo que más predominaba eran los sueños de amor.
En estas ensoñaciones a menudo me distraía constantemente con la necesidad de encajar la historia o tal vez conectarla de manera realista y coherente con mi actual vida. Cómo conocía a esa persona, cómo había llegado a ese lugar, de qué manera me hice una gran artista de música... Estas conexiones no le servían a nadie (¡si acaso alguien me leía la mente!), pero yo me esforzaba en justificarlas. Tanto que a veces me quedaba dormida entre ceños fruncidos tratando de explicarlo, en lugar de disfrutar sencillamente de la fantasía.
Quizá siempre deseemos eliminar esa imperfección a la realidad. La imposibilidad. La posibilidad de que nuestro sueño, nuestro objetivo, nuestra vida soñada no suceda porque hay obstáculos. ¿Pero qué obstáculo mayor hay que no existir?
Perder la cabeza por una idea que es tan solo eso, un ente metafísico en un mundo abstracto al que deseamos arrancar de su realidad, tan solo trae insatisfacciones y sufrimiento. A menudo también otorgado a otros, a quienes hacemos daño empujándolos hacia los márgenes de esos moldes. Pero también nos hacemos daños a veces irreversibles, o reversibles solo tras muchos esfuerzos y autodiagnóstico para los que muchas personas no están hechos. Pues desprogramar una mente con una tendencia a las fantasías es tarea ardua.
Debemos enamorarnos de lo que existe, así pues debemos enamorarnos de las personas que nos encuentran. De las ilusiones que nacen aquí, y ahora. De lo posible, de este mundo con sus características físicas. Pero sobre todo, deberíamos estar abiertos a lo que se nos dé, lo que se presenta y lo que aparece. Enamorarnos de esta vida no es tarea sencilla, pero es la felicidad la que recompensa.
No hay comentarios :
Publicar un comentario