Hoy hace un día de verte.
Hace una noche de venir a recogerme e irnos a cenar. De ver llegar el coche y aparcarse en el hueco vacío que veo por mi ventana. De bajar con un abrigo y una faldita muy corta, y correr con pasitos pequeños hasta refugiarme contigo del frío y abrazarte. De oler a invierno. A tu perfume cuando me abrazas y me besas.
Hoy hace una noche de verte con la sonrisa pícara con la que juegas al despiste. O a hacerte el despistado. De reírme porque te cuento algo tonto. De estrenar mis botas altas y que me abroches sin pedírtelo los botoncitos del abrigo.
De buscar un local concurrido con buena música, de empezar, como me gusta, con ese par de chupitos. Que sabes que me gusta el tequila porque tengo una excusa para sacarte la lengua y pasarla por el dorso de tu mano. Porque te ríes con la cara que se me pone cuando pruebo el limón en los labios, y porque después nos besamos, nos besamos... Y estoy borracha y quiero guerra. Siempre te la doy. Nos perdemos en los callejones que encontramos, cuando en realidad no es privacidad lo que buscamos. Nos tenemos y nos preguntamos qué haríamos al otro, y es divertido y emocionante bebernos.
Es la noche perfecta de pasárnoslo bien y regresar a casa juntos. Saber que te tengo para mí, que no te irás, que estamos juntos. Saber que voy a dormir a tu lado, que voy a despertarme contigo, que puedo hablarte y tocarte y no te irás, de que me harás el amor todas las veces que te pida y que no pasaremos frío.
Estoy mirando por la ventana y esperando a que me digas que me ponga ya el abrigo, que nos vamos.
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