Cuando todos los objetivos estén cumplidos, o en curso, si se trata de objetivos que perduran en el tiempo, qué es lo que quedará de nosotros. Más directrices y paradas a las que llegar, otros deseos o prioridades. No digo que esos objetivos sean vacíos, no lo son y no faltaría al respeto a personas para cuyas acciones son muy importantes. Pero qué es eso que deseamos, hacemos, logramos o perdemos.
Bajo esos deseos no puedo ver nada. No veo quién soy, por qué deseo esas cosas. Qué voy a enseñar, a dónde voy a llegar, qué puedo ofrecer, y por qué he de ofrecer algo. Quizá me sienta vacía yo y no mis sueños, por no tener nunca nada que ofrecer, porque no haya nada dentro de mí tal vez.
Tal vez sea esa la razón por la que no hablo, no expreso, no soy persona desde hace años. No tengo nada que compartir, ni soy capaz de apreciar lo que otros comparten. La verdad es que sólo existe una persona que me quiera por lo que realmente soy, o tengo fuera, o ve en mí, o cree de mí, sin lazos biológicos de por medio, ni forzosos regímenes políticos y familiares de lo correcto.
Lo cierto es, que si no fuera por estas letras, nadie sabría siquiera que existo. Ni para todos, ni para nadie, ni para el gobierno, ni para la estadística, ni para jóvenes, ni para viejos.
Cuando hayamos muerto, qué será de nosotros. A quién coño le importará si me muero.
No hay comentarios :
Publicar un comentario