sábado, 24 de septiembre de 2016

Claridad del mundo

Pensando acerca del capricho divino, y de las razones de peso para estar despierto. ¿Acaso dormir no es morir un poco? Un rato, un tiempo. Cerrar los ojos y dejar el cuerpo, la consciencia, el mundo, la importancia, los problemas, los deseos, las ambiciones.
Si no despertaras nunca, ¿acaso importaría algo?

Se jactan los que viven, los que despiertan cada día, los que se duermen inconscientes sin saber que cuando abandonan el día abandonan su vida. Sin pensar en que han muerto, han cambiado, no han vuelto. Al despertar ya no son ellos. Son copias, de otra copia, de otra copia de ellos mismos. Somos reemplazados por un clon con una consciencia copiada cada día, cada hora, a cada minuto. Si encontraras a tu clon y le apuntaras a la cabeza, y él apuntara a la tuya, ¿acaso importaría el resultado?

Yo no quiero ese mundo claro, me digo. No hay un mundo claro y un mundo oscuro. Me parece más oscuro el mundo de ahí afuera, de los que juzgan, no entienden, flaquean, fingen, esconden. Para ocultar sus debilidades gritan a todos lo que creen que quieren ser. Lo que prometen ser. Pero eso no es real, ni su mundo. Lo peor de todo es que lo saben. Saben que conocen mejor a su amigo de siempre que su página de amigos. Y aun así no se lo creen.
Quizá mi curiosidad a veces roza límites peligrosos, sobre todo porque están en mi consciencia. Entiendo cada riesgo, lo comprometido. Incluso para mi alma. A veces siento ganas de llorar porque nadie descubrirá nunca que he pensado en ello. Nadie me cogerá, nunca.

Y en el fondo quiero ser descubierta.

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