De días extraños en que la vida cobra un cariz diferente. Ya no sirve el sol, los helados, la suerte, el dinero, los días, las noches. No me importa nada de eso. El tiempo está loco, porque corre hacia adelante y hacia atrás en universos que desconozco. Y cuando ya de tantas vueltas andaba perdida, el suelo se hizo cielo, y las paredes desaparecieron. Sólo quedan ruinas de nubes de formas extrañas sobre las que no se puede caminar. Y caminas, pero no encuentras nada sobre lo que apoyar tu peso.
Mañana será otra vez lo mismo, y otra vez, y otra vez. Se acabaron las zanahorias, ahora hay que cargar con todo sin ninguna distracción absurdamente mortal. Entiéndeme, no hay manera de entenderlo.
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