sábado, 6 de noviembre de 2010

Muñeca eterna

¿Qué importa ser de trapo o porcelana?
¿Qué importa estar sucia o tener agujeros?
¿Dónde está la belleza que yo quiero?
¿Por qué llegas tan lejos, crueldad humana?


Esto... es para Claudia:

Está pintado en sus ojos para siempre, una dulce tristeza de niña. De niña dulce y triste, con media sonrisa que... si la miras, bien podría estar riendo que llorando. Mas llorando... ¿no sería una tristeza agonizante y delicada? Agonizante... en las entrañas, de no exteriorizar lo que dicha muñeca siente. Delicada... por sus gestos elegantes, su compostura, sus ojos grandes... su pequeña figura.
La adoro.
¿Por qué se parece a mí, y en qué somos diferentes? Tal vez jamás alcances el cuerpo de una mujer... pero tu mente ya ha crecido. Tu amor es real, tu tristeza es real... y tu cara, aunque infantil, tiene los ojos ya de una dama. Con ese brillo de seriedad, con esa expresión de los adultos... no por su autoridad, sino por los años que llevan en el mundo...
Con el corazón en un puño, la cabeza llena de sueños... y los bolsillos sin nada.

Dime... muñeca, ¿cuál es tu vestido preferido?
Ajá... así que te has cansado. Tal vez más de una vez quisieras escabullirte. Camuflarte entre los hombres. Dejar de fingir y ser sencilla, mundana.
¿Te has dado cuenta, pequeña, de que las grandes historias las protagonizan los hombres? Sí... en cuanto un libro, o una película, es enfocada desde el punto de vista de una mujer... ya es una ñoñada. Un cuento diseñado especialmente para las mujeres y que, a los ojos de un imperial caballero soñador y creador de mundos lejanos y exóticos......... no es nada.
Ojalá nos dejen salir de nuestra vitrina pronto... ojalá, si el tiempo nos acompaña, vayamos lejos de esta pequeña tienda. A ver mundo... pero, ¡oh! ¿Oyes ese lejano clamor? ¡Son las estrellas, que nos llaman! Dicen que se está muy frío en la galaxia, y que cuando miramos al cielo parece que se enciende una lucecita en esta tierra que... sí... yo también lo veo.
¿Qué cuentan las estrellas cuando no pueden dormir?
Tus ojos, pequeña...

Mira, tus pies están gritando. Se mueren por salir a bailar; por descubrir otras tierras; por salir corriendo sin más... Por brincar muy alto, de alegría; por encontrar la valla que los separa de la libertad... y saltarla.

Oh, pero mira a la Luna...
es preciosa... ¿no?
La adoro... Y ella también nos adora. ¿Sabes? Ella no es tan vanidosa como dicen. Labios desconocidos y velados susurran que, una noche, mientras el Sol se marchaba y salía la esplendorosa Luna, las estrellas tendieron una trampa a la virtuosa. Su objetivo no era dañarla, ni mucho menos, mas sus risas y burlas hirieron considerablemente a la Luna y desde entonces jamás muestra su rostro, oscurecido ahora... por el quebranto.
A veces los seres creen que robarán la belleza envidiable de otros, si consiguen borrar el brillo que los circunvala. Y es cierto, en ocasiones, que la creencia aleja o atrae aquello a lo que damos poder.
Mas la Luna... por triste y melancólica que aparezca cada noche, es preciosa a mi parecer, y al del resto de mortales. Aunque sus amados y amantes la abandonen, aunque los seres se burlen de ella, su belleza no se borra. Quizá esa tristeza suya la haga aún mayor de lo que es. ¿Sabes? yo pondría un espejo... tan plateado, tan prístino y exacto... y de la manera más precisa. Un perfecto cuadro de cristal...


Así, vería su propia belleza cada noche.


Nath


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