La gente no debería enfadarse. Por palabras, por ideas, por equivocaciones o por sentimientos. La gente tendría que ser menos seria para las tonterías, y más seria para lo bueno. En este mundo rápido y absurdo parece que no existe hueco para desahogarse, para ser libre y ser uno mismo. Pero hay espacios para ofender y enfadarse, para pedir perdón cien veces por ser uno mismo, y por equivocarse siendo. Hay veces en que me metería en una burbuja sólida, en lugar de nadar en este vaivén de espuma que ni es soledad ni es compañía. A veces quisiera tener unas vacaciones mentales y abandonar a su suerte a mi tiempo, mis distracciones y mis formas, reeducarme a mí misma. Sería tan fantástico volver a empezar sin errores, sin caídas, sin todo el peso de lo amargo.
A veces la realidad se me vuelve oscura y da mucho miedo, tiene sabor a ausencia y a cosas que no son verdad. A veces siento que va a romperse y a romperme en pedazos, pero algunas de esas veces todo se calma y la vida no es tan mala, porque no llega a romperse; son sueños, o pesadillas o imágenes de otro alma. A veces la realidad se torna oscura de verdad, y es entonces cuando comprendes con miedo que no hemos venido al mundo a ser impolutos y claros, a vivir felices y buenos, y que protegernos con inocencia es sólo un fingir, un velo. Pero me gustaría ser, tanto, esa persona clara y que ha nacido para estar protegida. Y el bien, el mundo claro es lo que existe, lo ligeramente externo, no muy profundo porque no llega hasta el interior, donde se almacena el drama, ese que odiáis tanto. Pero en lo dramático está la verdad, y nunca se es sincero con un corazón lleno de luz y de inocencia. Los sentimientos confluyen cuando la realidad se vuelve negra como alas de pájaro, nos acorrala y nos hace llorar todas las mentiras hasta que nos vaciamos y sólo queda lo que está poco hecho, poco pensado y poco construido en el interior. Creemos que apilamos bloques cuando todo va bien, pero al destruirlos es cuando de verdad aprendemos, chocamos y comparamos, y entonces acaba otro episodio. Cada día sin destrucción es poco avance en lo profundo, es una felicidad en la superficie, pero es suficiente... Es suficiente.
Cuanto más me creo esa persona más me digo que soy feliz y que me basta. Me basta una vida sencilla, unos sueños sencillos y una juventud práctica, como la de los niños. Algo que dura eterno y que sólo sirve para sentirse bien mientras llueve fuera. Los días son como nubes, que pasan sin parecer que vuelan, sin aparentar movimiento; y el mañana nunca viene porque siempre aparece en sueños.
En un lugar profundo y alejado de ti te encontrarás a ti mismo. La gente no debería enfadarse.
Cuando más estoy conmigo es en el sufrimiento.
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