Hacía muchísimo tiempo, tanto que ni me acuerdo, que no lloraba de felicidad. Y no un llanto plenamente brillante, creo. Me parece que ha sido también cargado de la desesperación de los días, del año, este que llevo, de las pérdidas, del agotamiento mental. Ha sido un llanto que ha apagado incendios, que ha puesto colores por primera vez en mucho tiempo.
Y no es por la cosa en sí... es algo enorme, muy grande para mí. Sobre todo por el significado, por la persona, por el contexto de mi vida. Por saber esa persona qué cosas han pasado últimamente. Y si de la cosa en sí se hablara... Todavía nunca he salido de España, aunque se pueda decir que me he movido mucho sin salir de ella. He cogido tantos aviones desde que soy pequeña que no podría contarlos; los viajes en autobús, en coche, a lugares vacacionales o sólo por un rato. Me han dado alguna que otra sorpresa puramente material, o específica, o con amigos, pero esto... Nadie me había sorprendido tanto. Nadie había trabajado tanto en preparar algo y que no pudiera ni imaginarme de qué se trataba. Nadie me había invitado nunca a París.
Más aún ahora, que me siento tan joven, tan niña, por primera vez en muchísimos años. Que no tengo que hacer un papel distinto a como soy, que por fin puedo mostrarme y ser consciente de mi crecimiento, el exterior y el interior. No sé ya cómo dar las gracias, cómo evitar preguntarme por qué, por qué ahora sí, por fin, me empiezan a ir todas las cosas bien. Por qué en tanto tiempo en mi vida no he encontrado a la persona adecuada y ahora sí; por qué nunca nadie había preparado con tantísimo amor tantas cosas para mí, y ahora sí; porque nadie me había mirado como él me mira y suspirado. "Te mereces tanto". Él sí que merece tanto, todo lo que siento a veces que me quedo corta de darle. Que me quedaré corta siempre, porque jamás he conocido a nadie como él. No sólo la forma en que me quiere y me protege incluso de las noticias, de que vea cosas que puedan hacerme daño, de que tenga que pasar por lugares desagradables, de la más mínima hoja que se me cae sobre el pelo...
Su forma de amar mi feminidad, de un modo en que nunca antes ningún otro lo había hecho, y adoptar al mismo tiempo una actitud de infinita ternura conmigo que me hace capaz de sacar mi lado más infantil y pequeño. Une todas las partículas de mi cuerpo, comprende y ansía siempre mis dos mitades de una manera que incluso me eriza el vello. Los planes de pasear por París, pasar cinco días en un fantástico barrio bohemio, tomar café donde ya lo hicieron Sartre y Beauvoir, Hemingway y Camus, visitar los lugares donde reposan Cortázar y Descartes. ...Y al mismo tiempo hacerme sentir aún más niña y alucinada llevándome a Disneyland para que pueda vivir todo lo que ya estoy sintiendo en nuestra vida juntos. Que habito un lugar mágico y único en el que por fin puedo ser yo misma, y encontrar un sentido a cada cosa. Y leer, y buscar, y ser inquieta con todo, pero no perder la calma con frecuencia como antes ni sentir que estoy encerrada en mi mente.
Este viaje es el primero de muchos, y es como si simbolizara el fin de una etapa muy oscura y larga. Es el comienzo de la mejor parte de mi vida, de volver a sentir intenso, y de volver a tener tantísima energía. Estoy tan eufórica, que no puedo creer que esta sea por fin mi vida.
No hay comentarios :
Publicar un comentario