Desde el sábado noche no se me apetece comer, ni siento a mi cuerpo necesitarlo. Me resulta un momento molesto del día el levantarme o siquiera pensar en qué llevarme a la boca a ciertas horas del día. Es como si estuviera habitando en otro mundo, y el alma no necesita cosas físicas para subsistir. Quizá mi oscuridad interior me haya arrastrado a eso, quizá me haya quedado la secuela de su profundo peso en el cuerpo. A veces creo que no hay forma de curar este frío que llevo dentro ~
Un frío que no se extingue ni en soledad ni en compañía, cuando ni el hogar de los padres se antoja un refugio, ni un alivio para nada. Hace ya tiempo que para mí no puede serlo. Que rompí esas columnas que sostenían el templo de una niñez que mostraba a la familia; inocente, obediente y segura. Desde siempre había morado en mí el deseo de romper esas cadenas que debían haber estado ahí desde antes de mi nacimiento.Ya había hecho cosas así algunas veces, pero las más graves me alejaron de esa paz para siempre.
Lo peor de todo es que después de bastantes años ni siquiera siento en mí el deseo o la necesidad de redimirme, y dudo que la verdad salga a la luz algún día, aunque muchos la saben. Pudiera ser un secreto mal conservado en parte por mis ansias imperecederas de mantener algo tan brillante vivo en la mente de otra persona, o sucumbir al incierto creer de un rumor sin fundamento y alejado ya de toda relevancia con el presente.
Pero lo cierto es que todo ello aún transforma mi vida, y mi sentido y vivencia.
Hay, o puede haber, épocas en que esas cosas las olvide, pero lo cierto es que sólo las aparto de la conciencia. Para poder seguir, para tratar de no sucumbir ante la pesada carga de no estar cargando con nada.
Pudiera vanagloriarme, llevando otra vida aún más falsa, y ocultando secretos que a mí misma me harían enloquecer y enfermar, como sucedió hace dos días...
Pregunté a un alma cercana si alguna vez se sentía mala persona, y me contestó que así lo sentía muchas veces. No era inesperada para mí esa respuesta, aunque no lo supe hasta ver mi reacción. Pero sí el foco que me llevaría a sostener una explicación, que no llegaría con confesiones o verdades de ningún tipo. Sólo el sentimiento, ese que ya pocas veces veía brotar de mí, saliendo espontáneamente de mis labios con una voz que percibía desconocida para mí misma. Siempre sonaban las palabras distintas en mi mente a cuando las decía; tal vez temía pronunciarlas, o tal vez no las temía nada; y eso era lo que más temía.
Tener miedo de no tener miedo, y la responsabilidad y el peligro que ello conlleva. Ahora que no existen dioses ni hogares, sólo dudas y múltiples casas que no cobijan el fuego interno de alguien que anhela tanto en tan pocas palabras. A veces puedes analizarlo, o tratar de encontrarte; o despistarlo perdiéndote y distrayéndote en la nada.
Pero ese sentimiento sigue ahí, y creo que lo que más desearía en este mundo sería poder dejar que fluyera siempre. Para no enloquecerme, para no dejar que el fuego que bulle mi alma me consuma y evapore. Aunque falten resquicios y lugares del alma a los que sólo uno mismo puede llegar.
Pero que exista, y que no acabe ese algo que une las almas unas con otras; que no estén siempre juntas y que ello mismo las incite a volver para sacar su fuego la una a la otra.
El camino que conduce hacia lo que se ama, es el mismo camino que conduce al alma.
"Eliges entrar en el fuego voluntariamente.
Las llamas podrían destruirte; pero, si sobrevives,
cada golpe de martillo servirá para moldear tu ser.
Cada gota de agua extraída de ti
dará temple y fortaleza a tu alma."
Antimodes.
Antimodes.
No hay comentarios :
Publicar un comentario