lunes, 28 de noviembre de 2011

She is... me

Hoy he soñado que hablaba con ella. Que veía en su rostro sus inquietudes, que veía su realidad, y la realidad es que ella era preciosa.
Era fuerte, admirable, increíble. Era famosa, pero no por el hecho de ser famosa. Era por la fuerza que transmitía, era lo impecable de su rostro, la pureza de su alma, la cantidad de sueños que podías leer en sus ojos... y la amargura de estar lejos de ellos.

Estaba fracasando, eso decía. Estaba perdida y sola, y nadie la contrataba para un trabajo.
Sostenía un periódico viejo que yo hubiera vendido por 20 céntimos de euro. Y cuando le pedí que me firmara una vieja colilla de mi cigarro, me di cuenta de que ella era yo.
Parecía que le molestaba que le preguntasen, porque pensaba que era vergonzoso, su vida, sus elecciones. Como si ella tuviera toda la culpa de lo que le estaba pasando, quizás la tenía. Pero yo sólo me preocupaba por ella, quería ser su amiga, quería acercarme, interesarme, escucharla, darle un consejo que le sirviera. No quería hacerle sentir aún más mal.

Si ella supiera lo que la gente ve de ella... Me pregunto entonces por qué era yo. Por qué tenía mi letra, y por qué su nombre se parece tanto al mío.
Ojalá yo fuera como ella.

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