martes, 9 de junio de 2009

Algo que confesé...

Suspiró y miró al suelo... luego alzó la mirada otra vez, hacia algún lugar perdido. Quizá en la ventana, hacia el exterior...
Aunque el día era soleado y apetecible, ella parecía tener colocado un filtro ante sus ojos. Un filtro que le hacía ver todo gris y lluvioso. Quizá así se sentía su corazón... Desde hacía tanto tanto tiempo, que ya no recordaba lo que era el arcoiris.
Y es difícil de creer.. que tras tantos años sintiéndose sola, aún no se había acostumbrado a la sensación. Esto es quizá porque su fé en que esto cambiara algún día era más fuerte que ella misma.
Pero últimamente las lágrimas corrían por sus mejillas muy a menudo... su madre la veía, cuando se desesperaba, cuando le decía algo que hería su sensibilidad, cuando llegaba a casa o cuando estaba sola en su habitación.
Lo peor es que ahora la vería como una niña llorica... o como un alma empedernidamente sensible. Y ella no era así... De hecho siempre se había considerado mucho más fuerte que mucha gente de su edad. Pero al no tener tampoco con quién contar, de alguna manera tenía que desahogar esos sentimientos...
Y no es que no hubiera manera de hablar. De hecho algunos lo intentaban, y ella ponía de su parte hasta que... “qué más da. Ni me apetece hablar de esto, ni van a entender el por qué me afecta de esta manera porque las cosas se ven de otra forma desde fuera... Y además me da vergüenza porque suelen quedarse sin saber qué decir. Y no me gusta esa sensación ni quiero que la tenga nadie... Sé que hacen lo que pueden por ayudarme, pero no hay manera”

-Beth... -Sólo pronunciar su nombre, era como decir todo lo que había que decir. Anne se acercó y puso la mano en su hombro, y Lisbeth lo relajó.

-Me siento sola. -Lisbeth no apartaba la mirada de la ventana. Como si opinara de un paisaje que a todos les tocaba contemplar.

-No lo estás... -Leyre dio un paso al frente y le dedicó una mirada tierna. Beth la correspondió con una triste sonrisa. Pero tan brillante... una sonrisa triste, pero no forzada. Por eso brillaba, porque muy en el fondo se sentía arropada por esos sentimientos. Pero Dios sabía por qué no era capaz de aflorarlos al exterior. Y sentirse bien... y sentirse viva.

-A veces... cuando pierdo un poco la fé en la humanidad, me da por pensar en quién sé que nunca me fallaría. Y... ciertamente, no encuentro a nadie. Esto es porque está en la naturaleza de las personas, es como... esa canción. Una rosa es una rosa. Su aroma es embriagante y su color y sus formas son las más bellas que puedas encontrarte. Sin duda, el regalo perfecto para hacerle sentir a alguien lo que quieras transmitir. Sin embargo... Una rosa es una rosa. -Lisbeth volvió la mirada a la ventana y dibujó con la yema de los dedos en el vaho de su aliento.- A pesar de su belleza... también está en su naturaleza pinchar, y hacerte sangrar... Hacerte sangrar por su belleza, por lo que la amas, por lo que harías por tenerla.

-Esas cosas hay que aprenderlas tarde o temprano. Y darte cuenta de ello no debe ser motivo para desmoralizarte. Sólo debes aceptarlo y... continuar. A sabiendas de que tú también fallarás y harás daño. A sabiendas de que tú también eres una bella rosa con grandes y afiladas espinas. -dijo Anne con voz tenue.

-Ya... No es eso lo que me desmoraliza. O quizá sí... Quizá pensar que la mayor parte del tiempo estamos en burbujas separadas, y nadie entiende lo que quieres decir. Pero hay algo más -su tono era especial. Lisbeth se acercó a una de las sillas que había junto a la cama y tomó asiento. Anne y Leyre la siguieron; sentándose al borde de la cama una, y tomando otra silla la otra. Atentas a sus palabras, guardaron silencio expectantes a lo que quería decir.

Fuera atardecía. El cielo despejado y las palomas volando. El olor a cena recién hecha en las casas, los niños volviendo al hogar, la despedida de los enamorados en un portal, los últimos haces de luz del día. Un día que no sería nunca más... Como tantos anteriores. Como cada vez que ocurría. Un amanecer al día, un regalo para los sentidos. El piar de los pájaros, el rocío en las ventanas, el fresco en los dedos de los pies, el sonido del respirar... Otro día más.

»Hay una persona con la que nunca tengo esta sensación. Sin embargo, cuando creo que me falla mis fuerzas flaquean. Cuando veo que se va mi alma... se apaga.
Es difícil de explicar. Es como si tuvieras delante de ti lo único en el mundo por lo que ves sentido a tu existencia. Y el saber que es algo que está vivo, que es alguien que podría marchar, que puede tomar por cuenta propia. Que puedes no volver a ver jamás. Algo que no es tuyo... y lo es todo. Creo que todos tenemos un sentido. Todos encontramos tarde o temprano ese único motivo, esa sensación... el saber por qué estás aquí. Puede ser una carrera o un destino, puede ser la competición de tu vida, la realización de tus sueños... Puede ser tu único hijo, o puedes ser tú mismo. Puede incluso ser un objeto. Algo tan frágil como un objeto... Y hay incluso para los que lo es el dinero. Pero tarde o temprano acaba significando algo más profundo... Yo he encontrado al mío y odio no poder tenerlo cerca. Pero aún más odio tener que depender de él... Odio sentirme sola si no existe, si no hay manera. Y le siento incluso cuando hace mucho tiempo que no sé nada de él, cuando estoy lejos, cuando estoy cerca... Incluso cuando sueño.

-Y sabemos quién es... ¿verdad? -Leyre rompió su silencio. Aunque era difícil, porque aunque las palabras llenaban la habitación de sonidos y melodías de sentimientos, la tensión era tan afilada...

-Me imagino que sí. Y sé que sois... probablemente, las únicas que lo entienden. Las únicas que han visto lo que yo y que han sentido lo mismo. Desde el principio.

-Somos tus ojos, tus manos, tus oídos... -Dijo Anne casi en un susurro. Apoyándola de corazón...

-Si pudiera inventar una palabra para describirlo, creo que sería demasiado larga y compleja como para pronunciarla en algún idioma. -Lisbeth sonrió.

-A lo mejor se te daría bien crear nombres para remedios farmacéuticos... -Dijo Leyre con una sonrisa amistosa.

Y la noche ya estaba bien entrada. Un cielo despejado pero que no dejaba ver casi ninguna estrella. Un cielo tan lleno y tan vacío de nada...
Una luna tenue, una Tierra solitaria. Y el silencio total nunca se reunía en esa zona de la ciudad, puesto que la algarabía en las casas vecinas, el ir y venir de los vehículos, los juerguistas universitarios saliendo al encuentro con la noche, la televisión alta, los perros, los gatos maullando, los grillos, la música... Todo formaba parte del entorno y no había manera de meditar en completo silencio.
De esta manera, según se mire, debía ser difícil sentirse solo en tales circunstancias. De hecho a Beth le gustaba el ruido, el ambiente... el sonido de fondo, o como pudiera llamarlo. Pero su situación estaba envuelta en una de las más agudas ironías. Pues estando solo sin oir nada podías sentirte menos solo entre tus pensamientos que entre el ajetreo que vivía Lisbeth todo el día. Y sin embargo, se rodeaba de soledad. Y todo ese calor, el viento, los sonidos, las risas, la sensación... Es como si su mente no lo procesara...

-No le tiene miedo a nada, ¿sabes? -Las miradas se centraron otra vez en Beth, al abrir sus labios para recitar esa frase. Tras un largo rato de silencio, que ni de contar era cuantos minutos pasaban... - Es como si pudiera contar con él para cualquier cosa. Es como si pudiera enfrentarse a todo, y... no tuviera limitaciones. Es algo que me tranquiliza... Su presencia. A pesar de que le he visto triste, a pesar de que... le he conocido hundido, acabado, derrotado, también enfadado y decepcionado... Pero nunca ha abandonado, y siempre se levanta para pegar otro pelotazo. Jamás se detiene, ¿entiendes? Es la persona que más admiro en todo el mundo... Y sé que él tiene sus miedos. Sé que a veces le inundará también la inseguridad. Sé que él no se ve a sí mismo como invencible, y que continuamente en su entorno será considerado normal. Como alguien más...
Y a pesar de lo especial que es, y a pesar de, seguramente... estar al corriente de ello, no le importa confundirse entre la gente. Lo adora, lo maneja, lo controla. Es como si no necesitara mimetizarse con los muros. Simplemente es él mismo y los demás acaban adaptándose a él.
Así es fácil sentirse siempre en casa...

Lisbeth se quedó un rato pensando, y apoyó la barbilla entre sus manos. Anne y Leyre seguían calladas, esperando. Siempre había sido agradable hablar con ellas... No la interrumpían. Sabían cuándo debían hablar y cuándo tenían que callar o esperar a que afloraran las nuevas ideas en su mente. Además, conseguían animarla y sabían cómo y en qué situaciones soltar alguna frase ingeniosa que le alegrara el día... Que le sacara una sonrisa. Y sólo había una persona que lo hacía de la misma forma. Esa sonrisa especial... espontánea, salía cuando él estaba presente.

»Sin embargo, quizá me equivoque... y de hecho a veces me decepciono a mí misma cuando así lo creo, es fácil que a menudo piense que él también se siente solo. Adora estar rodeado de gente, ¿no? Pero no sé si se siente realmente bien cuando está entre ellas. Habrá días en que sí, la sensación es casi al 100% auténtica. ¿Pero qué ocurre? ¿Dónde está lo real? ¿En qué punto empezamos a confundir estar aquí... con existir de verdad?
Pues bien, nunca admite este sentimiento y a veces creo que dice la verdad. A veces me siento equivocada y frustrada... pero a veces pienso que hay algo más. Y que su miedo a estar inseguro de sí mismo le impide decir esas cosas. Porque las sensaciones felices atraerán situaciones felices ¿no?
... Ojalá pudiera hacer que no se sintiera mal jamás.
Sería su apoyo, su cobijo, su todo. Su lugar al que regresar, su refugio, su alivio... una mirada tranquilizadora, una sonrisa que dice “ya está... estás en casa”, un abrazo sin pedirlo, un beso al marchar... cogerlo del brazo... y repetir ese beso una vez más.
Es la única persona con la que jamás me sentiría sola. Y me dan igual sus defectos, me da igual si alguna vez me ha fallado... porque todos pinchamos y nos pinchamos. Lo importante es que, tras pincharte, sigas queriendo atraparlo. Aun con tus manos ensangrentadas... aun con el alma llorando, quieras hacer lo imposible por proteger esa rosa y tenerla entre tus manos.
Y no me desanima que a veces me haga daño... porque a pesar de que el sentimiento no sea algo recíproco, sé que me quiere. No de una forma especial, ni siquiera sobresale ante nadie más... Pero sé que está ahí, y que quizá haría algo por mí.
Muero por saber cuál será el motivo que él encontrará...

Aunque seguramente, sería algo que ni Lisbeth, ni Leyre o Anne sabrían nunca. Y es que tras el umbral de la puerta había alguien que llevaba apoyado en la pared desde que la tarde empezó a romperse. Escuchando atentamente y sintiendo escalofríos en lo más profundo del corazón.
Y... a pesar de que no lo admitiría jamás, en ese preciso instante creyó saber por qué estaba allí. Cuál era su motivo, su sentido...
Si lo tuviera un poco más claro, un poco más...

¿lo pronunciaría entonces?



...Y reabrimos el blog.
No ha durado tanto la clausura porque al final no he salido todavía de viaje. Como anoche me apetecía escribir... cuelgo por aqui otro trozo de historia, quizá el que se ha convertido para mí ahora mismo, el más importante y el más significativo.
Por favor, comentarios de opinión. Qué sentís con la historia, qué pensáis de ella, de los personajes, si os identificáis con su historia etc

No importa que no estéis registrados, a algunos ni os conozco todavía... ^^
Simplemente me interesa oiros. Dejad vuestra pequeña huella!


Ah, y no os olvideis de la nueva encuesta.
Saludos ^^

2 comentarios :

Friki dijo...

Tiene una buena narracion y me gusta el tema del que escribes
seguramente los escritores son mejores cuando saben transmitir lo que sienten.

Si es asi no te desanimes y sigue adelante que siempre meerece la pena avanzar aunque sea a pequeños pasos =)

Tania dijo...

Por favor.. si pudieras poner la historia desde el principio?? me encqntan las novelas de vampiros y esta historia promete!!1

bss y sigue escribiendo